"Si logro sobrevivir ": diario de guerra

El 18 de febrero las fuerzas del régimen sirio empezaron a intensificar sus bombardeos en una parte de Guta oriental, un enclave en el que viven más de 400.000 personas, que escapa al control del gobierno desde 2012 y prácticamente dominado por grupos islamistas y yihadistas.

El 5 de marzo el balance de esta campaña de bombardeos, que sirvió de preparación para un ataque que todavía dura en el enclave, se elevaba a más de 740 civiles muertos, de ellos al menos 170 niños, según el Observatorio sirio de Derechos Humanos.

Abdulmonam Eassa, un fotógrafo local cuyas imágenes tomadas para la AFP ilustran esta ofensiva, cuenta cómo vivió algunas de los días más duros de su vida.

A Syrian man carries an infant rescued from the rubble of buildings following government bombing in the rebel-held town of Hamouria, in the besieged Eastern Ghouta region on the outskirts of the capital Damascus, on February 19, 2018. (AFP / Abdulmonam Eassa)

Lunes 19 de febrero

Los bombardeos sobre Guta causan 127 muertos.

Hoy ha caído una bomba muy cerca. Cuando he ido a ver, toda la zona estaba calcinada.

"Durante unos segundos, después de un bombardeo, uno piensa que no hay muertos. Solo se ven cenizas y destrucción. Todo el mundo se esconde cuando se escucha el ruido de un cohete o de un avión, pero poco a poco los primeros signos de vida van apareciendo. Una mujer, por ejemplo, sale de un edificio destruido con sus cuatro hijos, uno de ellos lleva en sus manos un cuaderno, o un Corán, no lo sé". 

A Syrian woman and children run for cover amid the rubble of buildings following government bombing in the rebel-held town of Hamouria, in the besieged Eastern Ghouta region on the outskirts of the capital Damascus, on February 19, 2018. (AFP / Abdulmonam Eassa)

Los voluntarios de la defensa civil siria, conocidos como « cascos blancos », llegan y empiezan a retirar los escombros. Uno de ellos lleva un niño en sus brazos y me impresiona ver a alguien tan joven herido.

Sigo haciendo fotos y verificando cómo van quedando en la pantalla de la cámara cuando, de repente, distingo a mi cuñado en una de ellas, mirándome. Está de pie junto a la puerta de una casa gritando para pedir ayuda.  Está herido. Ni siquiera lo he reconocido al fotografiar la escena. ¿Qué se supone que debo hacer? ¿Ayudarle o seguir tomando fotos? Es una pregunta que me hago todo el tiempo.

Cuando estoy a punto de irme, veo a un casco blanco con un niño en sus brazos que identifico como el hijo de un amigo. Me acerco a él, tomo al niño y lo llevo al hospital. Cuando llegamos, intento hacerle una foto pero no quiere soltarme la mano. Me libero pero sigue agarrándome el brazo y entonces me doy cuenta de que estoy llorando.

A Syrian child injured in government bombing cries as he receives treatment at make-shift hospital in the rebel-held town of Hamouria, in the besieged Eastern Ghouta region on the outskirts of the capital Damascus, on February 19, 2018. (AFP / Abdulmonam Eassa)

De regreso a casa en moto, una media hora más tarde, me doy cuenta de que el barrio en el que vivo ha sido alcanzado por los ataques y me sobreviene un ataque de pánico. Mi familia vive ahí ¿habrán sido alcanzados?

Cuando me voy acercando constato que el edificio en el que viven mis hermanas y otros familiares ha sido bombardeado, el lugar está envuelto en una nube de polvo y no veo nada. A medida que avanzo hacia el lugar, el miedo crece y crece. Dejo la moto en medio de la calle y me precipito en mi casa, donde encuentro a uno de mis hermanos. «¿Mamá está viva? », « Sí ». « ¿Están todos bien? »,  « Sí », responde mi hermano. Con un suspiro de alivio entro y veo un cuerpo tirado en el suelo. Es un amigo mío. Tiene una herida mortal en la cabeza. Está muerto. Nos vemos obligados a dejarlos porque hay que llevar al hospital a los niños heridos. Soy incapaz de tomar fotos de la situación.

En la  calle, observo una mujer con heridas en la cara y me doy cuenta con horror de que se trata de mi hermana. Está sangrando. A su lado, veo a otras dos mujeres de la familia, también heridas. Trato de consolar a mi hermana y veo que está descalza. Le propongo llevarla, pero me dice que puede caminar sin zapatos. No obstante, la llevo al hospital, llevo a mi madre y a otros familares a Daraya, un pueblo de Guta, y regreso para ver qué es lo que queda de nuestra casa.

Las puertas y las ventanas han estallado. Cuando miro alrededor, me doy cuenta de que ya no tengo miedo de la muerte. Hay un avión en el cielo. Puede bombardearnos en cualquier momento. Ya no tengo miedo. Después de todo lo que he vivido, no me cabe esperar nada más.

Syrian civilians look at the rubble following government bombing in the rebel-held town of Hamouria, in the besieged Eastern Ghouta region on the outskirts of the capital Damascus, on February 19, 2018. (AFP / Abdulmonam Eassa)

Pasamos la noche en otra casa pero nadie consigue conciliar el sueño. Mientras escribo estas palabras oigo el paso de aviones en el cielo.  El edificio tiembla. Mis pensamientos entrechocan en mi cabeza. ¿Y si mi seres queridos mueren y yo sobrevivo? ¿Cómo vivir con este dolor?.

Martes 20 de febrero

Los ataques a Guta oriental causan 128 muertos civiles, 29 de ellos niños. Otro hospital en Arbin es neutralizado.

"Ninguna palabra hará justicia a los niños muertos, a sus madres, a sus padres, a sus seres queridos", escribe un responsable de Unicef, Geert Cappelaere, en un comunicado que solo contiene esta frase.  

(AFP / Abdulmonam Eassa)
Members of the Syrian civil defence evacuate an injured civilian on a stretcher from an area hit by a reported regime air strike in the rebel-held town of Saqba, in the besieged Eastern Ghouta region on the outskirts of the capital Damascus, on February 2 (AFP / Abdulmonam Eassa)

Voy a un hospital donde la situación es terrible: nadie ha comido en todo el día. Entro en una sala y está llena de cuerpos, algunos han muerto la víspera y todavía no han podido ser enterrados, otros han muerto hoy.

Consigo dormir un poco en el hospital porque además sé que al día siguiente va a continuar esta rutina siniestra de aviones, bombardeos, ataques, barriles de explosivos, civiles alcanzados, horror, reconocer a personas que amamos muertos o heridos. Siento que todavía tengo fuerza. Todavía puedo salir y sacar algunas fotos. No se ni como.. pero lo consigo.

A picture taken on February 20, 2018 shows a Russian air force Sukhoi Su-34 fighter jet flying over the sky in the rebel-held town of Arbin, in the besieged Eastern Ghouta region on the outskirts of the capital Damascus. (AFP / Abdulmonam Eassa)
A picture taken on February 20, 2018 shows smoke plumes rising following a reported regime air strike in the rebel-held town of Hamouria, in the besieged Eastern Ghouta region on the outskirts of the capital Damascus. (AFP / Abdulmonam Eassa)

Miércoles 21 de febrero

 

Los aviones del régimen lanzan una enorme cantidad de bombas. “El infierno en la tierra” dice ese mismo día el secretario general de la ONU, Antonio Guterres.

Voy al barrio de Saqba tras un ataque con bomba de barril. Un mujer y sus hijos lloran, un hombre está atrapado entre dos paredes de un edificio destruido, una segunda bomba de barril explota a dos calles. No consigo concentrarme, es como si mi cerebro estuviera atrapado en una nube muy densa…

Cuando regreso a mi barrio veo que ha sido bombardeado y que la gente grita por las calles sin saber cómo hacer frente a la situación. Yo, sin embargo, tengo un poco de experiencia porque mi trabajo consiste en documentar la muerte y la destrucción, así que cuando me acerco a un edificio destruido y veo a un niño y  una niña atrapados entre dos paredes con las piernas suspendidas en el aire, verifico que el lugar es seguro y tiro del niño y después de ella. Aprovecho para subir al tejado para tener una vista del conjunto y entonces veo que todo arde, como si todos los lugares estuvieran siendo bombardeados: Saqba, Misraba, Douma, Kafr Batna…

Smoke and dust are seen following a reported regime air strike in the rebel-held town of Hamouria, in the besieged Eastern Ghouta region on the outskirts of the capital Damascus on February 21, 2018.  (AFP / Abdulmonam Eassa)

Los vecinos gritan que todavía hay más niños en los escombros y acudo al sitio que me indican, donde lo mismo ayudo a rescatar a una persona que saco una foto, lo que va surgiendo, sin una regla precisa. Los voluntarios nos indican que cerca hay un niño atrapado y cuando llegamos vemos también a su padre que ha muerto ahogado. El niño está vivo.

(AFP / Abdulmonam Eassa)

Jueves 22 de febrero

La canciller alemana Angela Merkel pide poner fin a la « masacre » en Siria. El Consejo de Seguridad de la ONU no logra adoptar una resolución sobre un alto el fuego ante la objeción de Rusia, aliada del régimen sirio, al que ayuda militarmente y en los bombardeos aéreos.

Estoy en pie a las 06h00 de la mañana. Está tranquilo aunque hay escombros por todas partes. La gente va saliendo a la calle para verificar los daños y tratar de buscar algo de comida. No ha pasado media hora cuando vuelve a rugir el sonido que todo el mundo ha aprendido a temer: un avión en el cielo. Las bombas empiezan a caer. La gente empieza a correr hacia sus refugios. Hoy hace cuatro días que no cesan los bombardeos y todos tienen miedo.

Cada persona con la que me cruzo parece buscar a un ser querido, hay muchos desaparecidos, algunos están muertos pero probablemente muchos están escondidos. ¿Cómo saberlo?

Syrian children stand amidst debris in Hamouria, in the rebel-held besieged Eastern Ghouta region on the outskirts of the capital Damascus on February 22, 2018. (AFP / Abdulmonam Eassa)

El número de mártires sobrepasa los 300. Los hospitales han perdido la cuenta de sus muertos y heridos. Todavía hay personas atrapadas entre los restos de edificios. Los voluntarios hacen lo que pueden pero algunos barrios son inaccesibles por la violencia de los bombardeos. La situacion es desesperada. Que Dios nos ampare.

A Syrian man checks the site of Syrian government bombardments in Hamouria, in the  besieged Eastern Ghouta region on the outskirts of the capital Damascus on February 22, 2018. (AFP / Abdulmonam Eassa)

Viernes 23 de febrero

El Consejo de Seguridad de la ONU pospone la votación sobre el alto el fuego.

Hay mucha gente escondida en los escombros, todo el mundo está en estado de shock. No entendemos nada de lo que pasa. Nada funciona. Me doy cuenta de cómo estos cuatro días de bombardeos han alterado todo. Toda la zona está siendo completamente arrasada. Ya no hay calles. Están cubiertas de polvo y de ruinas. Solo las ambulancias son capaces de aventurarse.

Seguramente no sirve de nada llorar pero hoy lloro. No encuentro nada mejor que decir. Por favor, que alguien detenga esta carnicería. Por favor. Alguien tiene que acabar con esto.

A civil Defence volunteer, known as the White Helmets, checks the site of a regime air strike in the rebel-held town of Saqba, in the besieged Eastern Ghouta region on the outskirts of the capital Damascus, on February 23, 2018. (AFP / Abdulmonam Eassa)

Y la vida continúa. Hoy mismo hemos sacado a cuatro niños de un edificio totalmente derruido. Si logro sobrevivir, algunas de las cosas que he visto no podré olvidarlas jamás.

El sábado 24 de febrero el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó una resolución pidiendo un cese al fuego « cuanto antes ». Los bombardeos continuaron.

El lunes 5 de marzo un primer convoy de ayuda humanitaria enviado por Naciones Unidas entró en el enclave. Rusia dice respetar una pausa diaria de cinco horas en sus operaciones para permitir la llegada de ayuda.

El domingo el presidente sirio Bashar Al Asad declaró que la ofensiva militar contra Guta oriental « tiene que continuar”

A picture shows the scene following a reported regime air strike in the rebel-held town of Hamouria, in the besieged Eastern Ghouta region on the outskirts of the capital Damascus on February 21, 2018. (AFP / Abdulmonam Eassa)

 

Abdulmonam Eassa