(AFP / Fayez Nureldine)

Con el rostro descubierto

Riad, Arabia Saudita - Debo admitir que cuando llegué a Arabia Saudita por primera vez, en agosto pasado, estaba un poco asustada. Había escuchado y leído tanto sobre cómo trataban a las mujeres, que temía no poder trabajar adecuadamente como videoperiodista. Sabía que tendría que vestirme diferente, usando una abaya -un velo integral que las mujeres deben llevar en público-, pero me preguntaba cómo me recibiría la gente -tanto en la calle como entre las autoridades- con mi cámara.

Mis colegas masculinos no ayudaron mucho. “¿Cómo vas a hacer?”, me preguntaron apenas llegué. “¿Cómo vas a tomar un taxi sola? ¡No es aconsejable!”

Resulta que sus miedos eran infundados. He sido bien recibida y aceptada en todos los sitios donde he ido, incluso por funcionarios masculinos.

Female supporters of Saudi's Al-Hilal attend their team's football match against Al-Ittihad in the Saudi Pro League at the King Fahd International Stadium in Riyadh on January 13, 2018.Varias mujeres asisten a un partido por el campeonato saudí en el Estadio Internacional Rey Fahd en Riad el 13 de enero de 2018, un día después de que a las mujeres se les permitiera ingresar a los estadios (AFP / Ali Al-arifi)

Comencé a trabajar como periodista en Beirut, mi ciudad natal, a pesar de las objeciones de mis padres. Para ellos, no era un trabajo adecuado para una mujer. Me dijeron que nunca ganaría lo suficiente para vivir y que complicaría mi vida familiar.

Pero yo realmente quería ser periodista, era mi sueño desde niña. Quería hacer una diferencia en la sociedad, convertirme en un ejemplo para los demás. Pienso que he tenido algo de éxito, aunque también creo que todavía tengo mucho por hacer.

Y desde este punto de vista, trabajar en Arabia Saudita, es una oportunidad extraordinaria.

Saudi women sit in a stadium for the first time to attend an event in the capital Riyadh on September 23, 2017 commemorating the anniversary of the founding of the kingdom.Dos mujeres asisten por primera vez a un evento en Riad, con ocasión del aniversario de la fundación del reino saudí, el 23 de septiembre de 2017. Las mujeres fueron autorizadas a asistir a partidos de fútbol en enero de 2018. (AFP / Fayez Nureldine)

Lo que descubrí a poco de llegar es que ser mujer es en realidad una ventaja. Porque entre los cambios que atraviesa el país, los que afectan la condición de la mujer están entre los más emblemáticos. Como la sociedad sigue siendo muy conservadora, muchas cuestiones relacionadas con las mujeres no pueden ser abordadas por periodistas hombres; la única manera de cubrir esos temas es a través de una mujer.

Así que puede ser que yo no pueda tomar un taxi en la noche, pero mis colegas masculinos no pueden ingresar a un concierto o un gimnasio solo para mujeres.

Claro que muchas cosas me resultan irritantes. Como no poder manejar y depender de taxis, mi marido o compañeros de trabajo varones para trasladarme. Si voy fuera de Riad, el taxi siempre tiene que esperar a que termine mi trabajo. O sentir que me derrito con la abaya puesta cuando hace mucho calor y tengo que trabajar en la calle. Y también me gustaría poder sentarme afuera en una cafetería de la calle Tahlia, algo que actualmente solo pueden hacer los hombres.

Travelling in pairs -- Saudi women get into a taxi outside a shopping mall in Riyadh on June 22, 2012.Viajar en pares: mujeres saudíes toman un taxi afuera de un centro comercial en Riad, el 22 de junio de 2012 (AFP / Fayez Nureldine)
Still off limits -- an outdoor cafe in the Saudi capital Riyadh, November, 2017. Outdoor cafes are still forbidden to women.Hombres saudíes conversan en las mesas exteriores de una cafetería, en Riad, en noviembre de 2012; las cafeterías al aire libre todavía están prohibidas para mujeres (AFP / Fayez Nureldine)

 

Pero tengo suerte de trabajar en este país durante una época en la que están ocurriendo muchos cambios, en especial respecto a libertades fundamentales para las mujeres, que desde hace pocos meses pueden ir al cine o a partidos de fútbol, hacer deporte o incluso manejar, desde junio próximo.

 

El hecho de ser mujer me permite establecer relaciones muy fuertes con las mujeres a las que tengo que entrevistar. Resultan ser muy abiertas y francas en sus opiniones, lo cual ayuda a que una historia sea mejor.

Tradicionalmente es difícil penetrar la intimidad familiar en Arabia Saudita. Pero ser mujer, extranjera y trabajar para un importante medio internacional cambia las cosas. A veces siento que ellas me revelan exactamente lo que tienen en su corazón. Saben que los medios locales tienen mucha menos libertad que nosotros para decir las cosas como son.

Saudi women check a car at an automobile stand in the Saudi Red Sea resort of Jeddah on October 5, 2017. Mujeres saudíes observan un coche en una feria de automóviles en Yeda, el 5 de octubre de 2017 (AFP / Amer Hilabi)

Cuando el gobierno anunció que a las mujeres pronto se les permitiría conducir, reuní sorprendentes testimonios de sinceridad y franqueza. Estaban tan contentas.

La única barrera real es la aparición en la pantalla. Las mujeres sauditas me dicen muchas cosas, pero siempre tienen miedo de decirlo ante la cámara con el rotro descubierto. Para mí, el desafío es convencerlas de que se atrevan a hacerlo, sin que se pongan en peligro.

Por eso, me sentí orgullosa cuando Mervat Bukhari, la supervisora de una estación de servicio en Khobar, tuvo el coraje de dejarse filmar. Primero, no quería que apareciera su rostro. Luego, no quería ser grabada mientras supervisaba el trabajo de los empleados masculinos. Pero la realidad es que esa era su tarea y le expliqué que si se atrevía a mostrarla se volvería un gran ejemplo de lo que una mujer saudita puede llegar a ser hoy en día.

Murfa Bukhalid, a Saudi petrol station supervisor, poses for picture at the petrol station where she works in Khobar, some 400 kilometres east of Riyadh, on February 20, 2018. / AFPMervat Bukhari, supervisora de la estación de servicio de Khobar, el 20 de febrero de 2018. (AFP / Stringer)

Una de mis mayores sorpresas es que ser camarógrafa no es una desventaja en mis relaciones con los hombres. Es muy raro encontrar una mujer reportera de imágenes. Aparentemente es una profesión considerada como masculina.

Cuando grabo algo en la calle, los hombres se sorprenden al ver a una mujer sosteniendo una cámara. Y en lugar de evitarme, los más curiosos se me acercan para saber qué es lo que hago. Siempre son corteses. Nadie me ha hablado mal nunca. Los más atentos incluso me preguntan si mi equipo no es demasiado pesado para cargar...

No diré que para una mujer periodista es fácil trabajar aquí. Es una sociedad conservadora y tradicional. Pero descubrí que si respetamos a los demás, ellos te respetan a ti.

Rania Sanjar