Robo de comida desechada en Berlín
Berlín -- La escena era digna de un thriller de espías. Nos reunimos con nuestro contacto a medianoche, cerca de un supermercado en las afueras del sureste de Berlín.

Llevábamos dos semanas intentando reunirnos e intercambiando mensajes a través de la aplicación cifrada Telegram para evitar que las autoridades los detectaran.
La calle está desierta, iluminada por faroles amarillos y por la luz del supermercado. Nos pasa un ciclista. A pocos metros se detiene, se da vuelta y regresa lentamente. Se para delante de mí. "¿David?"
Hasta ese momento, no sabía si mi contacto era hombre o mujer, joven o viejo. Ahora tengo un nombre: Andrea.

Delante de mí hay un joven cuya barba y cabello parecen formar una masa continua. "Tenemos que ser rápidos y silenciosos para no llamar la atención", dice, atando su bicicleta a un árbol.
Todo ese secreto y todas esas precauciones para una historia sobre desperdicio de alimentos. Como parte de mi investigación sobre el tema, supe que personas como Andrea luchan contra el desecho de comida saqueando la basura de los supermercados por la noche para recuperar lo que aún es comestible.
En Alemania, esa puede ser una ocupación peligrosa: los contenedores de basura que no están en las calles públicas se consideran propiedad privada. Lo que significa que tomar su contenido es robar, punible con una multa de varios cientos de euros. De ahí el secreto y la insistencia de Andrea de que seamos rápidos y silenciosos. Algo sencillo para mí, ya que solo tengo mi libreta de notas. Pero vine con mi fotógrafo y mis colegas de video, a quienes les es más difícil mantenerse discretos.
Andrea se pone un pasamontañas para que no se lo pueda identificar en nuestras imágenes de video y foto y nos acercamos a la valla metálica de 3 metros que tenemos que abrir para llegar a los contenedores de basura del supermercado. Hay dos soluciones: deslizarse por entre los 20 centímetros que hay debajo de la puerta o escalarla por arriba.

Andrea y el videógrafo Leo han sido bendecidos con cuerpos que les permiten deslizarse debajo. Yo tengo que ir por encima, he disfrutado de demasiadas cervezas y salchichas durante mi estancia en la capital alemana; el fotógrafo John me sigue.
Por suerte, me puse pantalones deportivos. El pobre John trae jeans, que por supuesto se atascan en un punto estratégico entre sus piernas. Con los pantalones vaqueros desgarrados, pero con el equipo ileso, logra saltar al otro lado. Andrea se coloca una linterna frontal y se pone a trabajar. Nosotros filmamos. Los contenedores son un verdadero tesoro.
Encontramos decenas de yogures, jugos y leche de almendras con fecha de vencimiento al día siguiente, frutas maduras exóticas, galletas y pastas cuyo empaque está ligeramente dañado, huevos de Pascua, incluso aceite de oliva trufado.


Andrea, que ha traído una mochila de 60 litros para llevarse sus hallazgos, nos dice que es vegano, por lo que nunca agarra carne o productos lácteos. Ciertamente hay suficiente en el contenedor como para que elija lo que quiera. Mientras hurga, oímos una sirena en la distancia. Nos congelamos. El sonido se desvanece. Un severo recordatorio de que lo que estamos haciendo está en contra de la ley.
Andrea tarda unos 15 minutos en llenar su mochila y nos damos la vuelta. La segunda vez que pasamos sobre la valla parece un poco más fácil.
Salimos apresuradamente del supermercado a una pequeña plaza cercana, donde dispusimos todo para hacer la entrevista ante la cámara.
Un hombre pasea a su perro aparentemente desinteresado en lo que debe ser una escena extraña: es casi la medianoche y un tipo en pasamontañas con una enorme mochila en su espalda es entrevistado frente a una cámara por otros dos, mientras que un tercero toma fotografías.
Andrea dice que tiene 22 años, que es estudiante de la universidad y que se puede permitir comprar alimentos, pero prefiere obtenerlos de esta manera "para luchar contra el excesivo consumo de la sociedad".
Sale varias veces a la semana, en ocasiones solo o en compañía de almas afines. Saquean los contenedores de basura de supermercados para recoger alimentos. Comparte sus hallazgos con sus compañeros de cuarto y también contribuye a comidas colectivas que organizan cada semana entre varios.

El activista fue capturado una vez a finales del año pasado, y está esperando que aparezca una citación para tener que comparecer ante el tribunal y enfrentar cargos.
Varios grupos en Alemania luchan contra el desperdicio de alimentos. El país arroja anualmente alrededor de 18 millones de toneladas de alimentos, parte de las 88 millones de toneladas que se tiran en los 28 países de la Unión Europea, según cifras del Parlamento Europeo. En todo el mundo, se desecha alrededor de un tercio de los alimentos producidos, o 1.300 millones de toneladas, cada año, según la agencia de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO).
Las personas en Europa y América del Norte tiran entre 95 y 115 kilos por año, mientras que los habitantes de África subsahariana y Asia desechan entre 6 y 11 kilos anualmente, según la ONU.

"Mi abuela siempre me decía que no tirara comida", nos dice Andrea. “Pero la gente prefiere tirarla en lugar de regalarla. ¿Cómo puedes justificar tirar comida cuando hay miles de personas, incluso en nuestro país, que mueren de hambre?”.

Es difícil no estar de acuerdo cuando ves la cantidad de comida en perfectas condiciones que el supermercado tira. Mientras hablamos, le confieso a Andrea que yo solía hacer lo mismo. Mis padres y yo íbamos a contenedores de basura en el sur de Francia, donde vivíamos.
Luego, cuando estudiaba en Aix-en-Provence y en París, hacía lo mismo. La mayoría de las veces obtenía frutas y verduras de temporada que no podía pagar con mi presupuesto estudiantil. El dinero que ahorraba me permitía comprar buena carne en una carnicería en lugar de tener que comprarla en un supermercado.


Decidí hacer esta historia en parte debido a mi pasado y también a mi propio interés en temas sociales. Me di cuenta de que, más allá de la desaprobación social, lo que Andrea y otros como él están haciendo es realmente bueno para el planeta. ¿Por qué tirar la comida cuando se la puedes dar a quienes la necesitan?
