Música sobre las ruinas de Alepo

Alepo, Siria - Hay hombres, sueños y objetos más fuertes que la guerra. Mohammad Mahiedine Anis, su colección de autos vintage, su pipa y su fonógrafo son algunos de ellos. Aunque su casa sea una pila de escombros. Aunque sus pertenencias estén hoy destruidas, machacadas o rotas. Aunque lo único que funcione a su alrededor sea un gramófono a manivela.

El coleccionista de autos antiguos estadounidenses ya protagonizó hace algo más de un año un reportaje de video que realizó en Alepo mi colega sirio y fotógrafo Karam al Masri. Así que al volver con la AFP a la ciudad, quisimos saber qué había sido de él.

Anis no salió de la ciudad hasta los dos últimos meses de combates entre los rebeldes y el ejército sirio, antes de que éste recuperara Alepo, a finales de diciembre de 2016. En el reportaje de Karam podría pensarse que la guerra, que está bien presente, podía observarse desde la distancia. Pero como pudimos comprobar, lo ha destruido todo.

Syrians walk in the once rebel-held al-Shaar neighbourhood in the northern city of Aleppo on March 10, 2017 Barrio de Shaar, en el este de Alepo, en marzo de 2017. (AFP / Joseph Eid)
A picture taken on March 9, 2017, shows a boy playing with a cat next to a 1948 Buick parked outside the home of Mohammad Mohiedine Anis in the formerly rebel-held al-Shaar neighbourhood. Un Buick de 1948 estacionado frente a la casa de Anis, en el barrio Shaar, en marzo de 2017. (AFP / Joseph Eid)

 

Sin embargo, eso no hizo demasiado difícil encontrar a Anis en el barrio de Shaar, en la segunda ciudad siria. Utilizamos las informaciones que teníamos del reportaje de Karam y confiamos en las indicaciones de los transeúntes.

Abu Omar (Mohammad Anis) junto a su colección de autos clásicos en el barrio Shaar, Alepo, en diciembre de 2015. (AFP / Karam Al-masri)

Bastó con preguntar dónde se encontraba el coleccionista de coches antiguos.

En el reportaje de Karam, se hacía llamar Abu Omar. Pero sabíamos que era un pseudónimo que utilizaba por motivos de seguridad. En un momento dado nos bajamos de coche en el que íbamos y seguimos a pie debido a la cantidad de escombros que había en las calles.

Llegamos ante una gran puerta de metal de color verde y llamamos. Nos abrieron. Su primera frase fue: “ustedes son los franceses”.

Anis es una persona que ha vivido los horrores de la guerra pero que, durante toda nuestra conversación, no dejó de repetir que nada podría acabar con su deseo de vivir, se superar las dificultades. Para él, la clave está en la mente. Ese hombre tiene una voluntad de hierro. Es algo difícil de imaginar cuando uno ve la situación que lo rodea.

De su dañada colección de vehículos, le quedan 13 coches y otros siete están en un depósito. Habla de ellos, de sus Buick y de sus Chevrolet, como si se tratara de niños que están “heridos”. Dijo que iba a repararlos y a comprar otros nuevos. La verdad es que no estoy seguro de que lo piense realmente, a la vista de la situación en el país. Pero eso lo ayuda a seguir adelante.

A picture taken on March 9, 2017, shows a 1947 Plymouth parked in the garden of Mohammad Mohiedine Anis' home in Aleppo's formerly rebel-held al-Shaar neighbourhood.Un Plymouth de 1947 en el casa de Anis, en marzo de 2017. (AFP / Joseph Eid)
 A picture taken on March 9, 2017, shows 70-year-old Mohammad Mohiedine Anis opening the trunk of his 1949 Hudson Commodor outside his home in Aleppo's formerly rebel-held al-Shaar neighbourhood.  Mohammad Anis junto a un Hudson Commodor de 1949 frente a su casa en Shaar, Alepo, en marzo de 2017. (AFP / Joseph Eid)

 

Porque decir que vive en condiciones complicadas es un verdadero eufemismo. Literalmente, vive entre ruinas, su casa está casi destruida.

“¿Cómo puede vivir aquí?”, le preguntamos. “Es mi hogar”, respondió. Como muchos de los residentes de Alepo, duerme entre los escombros.

Lo que lo ayuda a vivir son sus recuerdos y algunos objetos, como su gramófono.

Abu Omar a 69-year-old Syrian classic car collector, holds a vinyl next to a record player in his apartment in the rebel held al-Shaar district of the northern Syrian city of Aleppo, on December 20, 2015. Anis en la sala de su casa en diciembre de 2015. (AFP / Karam Al-masri)

Cuando lo vimos le preguntamos si aún funcionaba. “¡Por supuesto!”, respondió. Era uno de esos que se ven en las películas, que funciona con una manivela, por lo que no necesita electricidad. Algo bueno en estos tiempos en Alepo, donde apenas hay una hora de electricidad al día en la parte este, gracias a los generadores que hay desperdigados. “Lo haré sonar para ustedes”, nos dijo. “Pero antes encenderé mi pipa, porque nunca escucho música sin ella”.

Su pipa también estaba rota y se mantenía pegada con una cinta. La encendió, dio cuerda al gramófono y empezó a sonar la voz de un cantante árabe de los años 1940, el mismo al que solía escuchar mi abuelo en Líbano.

Por un momento, dejé de ser un fotógrafo haciendo un reportaje en la devastada Alepo. Volví a ser un niño en mi pueblo en la montaña, con mi abuelo sentado en el sofá por la tarde escuchando las canciones de la belle epoque de la música árabe.

 

Anis también parecía estar en otro lugar mientras daba caladas a su pipa, como olvidando que nosotros estábamos allí. Observaba por la ventana con la mirada de quien asiste a una bella puesta de sol. Seguía ahí sentado, fumando su pipa rota y la música flotando entre las ruinas de su casa y de la ciudad.

Mohammad Mohiedine Anis, 70, smokes his pipe as he sits in his destroyed bedroom listening to music on his vinyl player, gramophone, in Aleppo's formerly rebel-held al-Shaar neighbourhood.Mohammad Anis fuma su pipa sentado sobre la cama de su habitación en ruinas, en su casa en el barrio Shaar de Alepo, en marzo de 2017. (AFP / Joseph Eid)

Mientras tomaba fotos con mi cámara sabía que esa era una escena especial. Me conmovió y tuve la sensación de que conmovería a muchas otras personas también. Aunque no me imaginaba a cuántas.

Resumía muy bien la Siria de hoy en día. La vida, la esperanza y las personas tan profundamente apegadas a sus hogares y a su país. Después de seis años de guerra, los sirios quieren vivir. Quieren que la música vuelva a sonar.

Joseph Eid