Cita con “Sr. Todo”

RIAD – Los diplomáticos lo apodan  “Mr Everything”, “Sr. Todo”. El príncipe heredero sustituto de Arabia Saudita, Mohamed bin Salman, es uno de los personajes más dinámicos e influyentes del reino. Y por primera vez, tendría la ocasión de reunirme con él o, al menos, de verlo de cerca.

“Usted ha sido invitado a la corte del monarca”, me dijo por teléfono, un sábado, un funcionario del ministerio de Información, sin mencionar el nombre del príncipe. No me quedó ninguna duda de que la invitación se refería a la presentación de Vision 2030, un ambicioso plan para diversificar la economía saudita y hacerla más independiente del petróleo.

El príncipe Mohamed bin Salman es el cerebro y el promotor del proyecto. Pero ¿estará presente para explicárnoslo personalmente? Imposible de saber.

El rey Salman con su sobrino Mohammed ben Nayef (a la izquierda), príncipe heredero y ministro del Interior, y su hijo Mohamed ben Salman, vicepríncipe heredero y mistro de Defensa (AFP / Fayez Nureldine)

En Arabia Saudita, los programas y los horarios estrictos a la que estamos acostumbrados en Europa no existen. Es común que se notifique una rueda de prensa una hora antes de que se lleve a cabo. Cuando tiene lugar una reunión importante, es habitual que los periodistas esperen durante horas en la puerta, por si acaso alguien declara algo a la salida. Muy a menudo, la espera es en vano.

Una gasolinera en Yeda (AFP / Amer Hilabi)

En este reino donde las bocas normalmente están cerradas, el príncipe Mohamed, uno de los hijos del rey Salman, es una excepción. Habla. Sobre todo de Vision 2030. Su sobrenombre de “Mr Everything” se debe a sus muchas atribuciones, incluyendo las de ministro de Defensa (ha supervisado, como tal, la intervención militar en Yemen) y de presidente del Consejo de Asuntos Económicos y de Desarrollo. A los 30 años, ya ha alcanzado los más altos escalafones del poder en un país acostumbrado a estar gobernado por hombres mayores, pero donde más de un tercio de la población tiene menos de 19 años. El príncipe, considerado un reformador, aspira a que la juventud saudí sea el motor de su plan de transformación económica.

El día después de la parca llamada del funcionario del ministerio, recibimos algunos nuevos escasos datos. El evento al cual el fotógrafo de la AFP Fayez Nureldine y yo estamos invitados será el lunes al mediodía en el Centro Cultural Rey Fahd. Por si acaso, preparé una chaqueta y una corbata. Llevé baterías adicionales para mi grabadora y una cámara de video miniatura en mi cinturón.

Cuando llegamos al centro cultural, nos encontramos en medio de una multitud de médicos en bata blanca que asistía a una reunión del Ministerio de Salud. No era exactamente lo que esperábamos. En un costado del edificio había estacionado un Mercedes negro. Verificaron nuestras identidades y un hombre que parecía un conserje de un hotel de lujo nos guió hasta una pieza donde esperaban pacientemente otros periodistas.

El lugar está cuidadosamente decorado, con sillas de estilo renacentista, cortinas rojas y doradas y paredes de espejos. Un buffet ofrece bocadillos de berenjena, croasanes, bolitas de melón, y café y agua Evian.

Yo acababa de morder mi segundo bocadillo cuando el responsable del ministerio de Información nos hizo pasar a la habitación vecina, donde habían dispuesto un buffet aún más formal, atendido por camareros filipinos. Había carne de res con salsa de pimienta, pollo tailandés, camarones a la plancha y el plato nacional saudita, el kebsa, a base de arroz y carne. ¿Cuánto tiempo nos quedaremos aquí? Ni idea. ¿Tendremos la oportunidad de hacer preguntas? Ni idea tampoco. Sin duda estaremos aquí por mucho tiempo, tal vez hasta la noche. Era prudente llenar el estómago y de todas formas no hay mucho más que hacer.

A medida que degustábamos este delicioso almuerzo, nos enteramos de que un canal de televisión estaba por transmitir una entrevista con el príncipe. Si hablaba ya de Vision 2030 en la televisión, ¿que más nos iba a decir a nosotros?

A las 13H45 terminó nuestra espera. Nos condujeron a la entrada principal del centro cultural, en la que nos esperaban tres autobuses. Nuevo control de identidad. Nos embarcaron. “¿Qué pasará ahora?”, le pregunto a mi compañero de asiento, un experto en economía. “Quién sabe”, me respondió.

Una planta de Amramco en Al-Khurais, a 160 km al este de Riad, en 2008 (AFP / Marwan Naamani)

Veinte minutos más tarde, llegamos en un complejo de modernos edificios de ladrillos blancos brillantes, en un estilo inspirado en la tradición arquitectónica saudita. Una barrera se elevó. Pasamos delante de una fuente y luego delante de una galería con un cajero automático de banco y una agencia de la compañía Saudi Arabian Airlines. Extraño lugar. Luce más como un centro administrativo que como un palacio.

En el puesto de control de seguridad a cargo de la Guardia Real tuve que despedirme de mi teléfono móvil y mi cámara. Afortunadamente, me dejaron pasar mi ordenador portátil y mi internet móvil. Subimos las escaleras. Llegamos a una sala muy luminosa y con techo muy alto. El escenario está decorado con dos banderas saudíes y el logo de Visión 2030. Un quemador de incienso produce un olor agradable. Los asientos están asignados. La AFP está en la primera fila, al lado de CNN.

"Sr. Todo" llega a la rueda de prensa (AFP / Fayez Nureldine)

Una hora después de llegar al palacio, el príncipe Mohamed bin Salman hizo su entrada en la sala de conferencias con paso rápido y sin estridencias. Llevaba el traje tradicional de Arabia: sandalias, una bata blanca y un turbante. Se instaló de pie detrás del púlpito cubierto con micrófonos. Daba la impresión de una persona simple y eficaz. Lejos de parecer intimidante, en todo caso.

Se hizo desear durante varias horas, pero una vez en el escenario no perdió tiempo. Ya debíamos conocer los detalles de Vision 2030, pues ya los había anunciado en la televisión y en entrevistas anteriores, dijo.

La medida clave es la salida a bolsa de poco menos del 5% del gigante petrolero Aramco -el pilar de la economía del reino-, lo que permitirá crear el mayor fondo de inversión mundo, con 2 billones de dólares. “Este fondo va a controlar más del diez por ciento de la capacidad de inversión en el mundo”, agregó.

(AFP / Fayez Nureldine)

Al mismo tiempo, ceder una parte de Aramco a los inversores locales y extranjeros va a garantizar “la transparencia” en su gestión. En 2030, Arabia quiere convertirse en la quinta economía mundial, en lugar de la decimonovena actual.

Ahora está listo para responder a nuestras preguntas.

Durante cerca de una hora se quedó allí, aparentemente relajado, para dialogar cortesmente con los periodistas. Cuando uno de los muchos reporteros de la prensa extranjera presentes se dirigía a él en inglés, él respondía en árabe (aunque haciendo un breve comentario en inglés). Una clásica rueda de prensa, de alguna manera. Excepto por el hecho de que en Arabia Saudita, donde los dirigentes no dan declaraciones casi nunca y evitan cuidadosamente el encuentro directo con los medios, este es un evento raro, casi extraordinario.

El príncipe no se marchó, denunció la “corrupción” que afecta al reino, el hecho de que las subvenciones al agua y la electricidad benefician principalmente a los más ricos, y sobre todo la “dependencia enfermiza del petróleo en Arabia Saudita”.

“Gracias por venir. Espero haber respondido a sus preguntas”, lanzó poniendo fin a la reunión. Habían pasado cincuenta minutos desde el inicio de la conferencia de prensa. Fue mucho más de lo que imaginamos. Un pequeño acontecimiento en sí mismo...

(AFP / Fayez Nureldine)
Ian Timberlake