Cautivados por las orcas del Norte

Tromso, Noruega - Cuando Olivier Morin y Francois Xavier Marit, dos experimentados fotógrafos de la AFP, fueron a tomar fotos de orcas al círculo polar ártico, no pensaron que iban a quedar hechizados.

El panorama no era especialmente acogedor: temperaturas de -15°C en el exterior y de poco más de 0°C en el mar, dos horas de luz natural al día, cielo nublado y las aguas de los fiordos turbias por una tormenta que había removido los sedimentos del fondo.

Pero después de una semana buceando con los gigantes del océano, Olivier y Francois-Xavier quedaron sometidos a su embrujo.

Una orca nada en el fiordo Reisafjorden, Noruega, en enero de 2019. (AFP / Olivier Morin)

Francois-Xavier Marit

Nunca pensé que iba a disfrutar tanto de este viaje. Jamás había buceado en aguas heladas y, aunque la perspectiva de ver orcas en plena libertad me parecía excitante, la idea de hacerlo en temperaturas bajo cero no me gustaba tanto.

Estoy acostumbrado a bucear, pero habitualmente lo hago para instalar equipamientos de control remoto en piscinas y hacer fotos de competiciones de natación, o por ocio en climas razonables como España o Grecia. Mi colega Olivier es un amante de las aguas congeladas, pero yo no.

La semana transcurrió a bordo de un viejo barco pesquero llamado “Sula”, que iba navegando por los fiordos en busca de orcas. 

El Capitán Olav busca orcas a bordo del "Sula" en Reisafjorden, Noruega, en enero de 2019. (AFP / Olivier Morin)

A bordo convivíamos con turistas y con nuestro guía, Pierre Robert de Latour, que estudia a estos animales desde hace 20 años.

Pierre Robert De Latour en Reisafjorden, Noruega, en enero de 2019. (AFP / Olivier Morin)

El plan era el siguiente: cuando la tripulación veía aparecer a las orcas, daba la señal, nos poníamos los trajes de bucear y bajábamos en una lancha al mar.

(AFP / Olivier Morin)

No puedo decir que la lancha fuera una gran experiencia para mí: cuando empezaba a ir rápido, sentía el frío por debajo de los -15 grados y me quedaba quieto, aferrado al material, tiritando y pensando solo en cómo mantenerme caliente. Entonces, cuando Pierre estimaba que ya era el momento de sumergirse, nos daba la señal para que nos tiráramos al agua.

El fotógrafo de la AFP Olivier Morin en aguas de Noruega, en enero de 2019 (AFP / Francois-Xavier Marit)

La primera vez que me lancé no tuve tiempo ni para pensar, simplemente salté, me sumergí y entonces, apenas abrí los ojos, vi mi primera orca.

(AFP / Olivier Morin)

Aprendí entonces que con ellas se podían tener dos tipos de experiencias: o bien las orcas interactuaban y nadaban alrededor de nosotros un rato, o sencillamente nos miraban y luego se iban detrás de los arenques, que son su principal fuente de alimento en esa latitud.

Cuando nadas con las orcas, no las tocas. Tú eres su invitado y te limitas a quedarte ahí y hacer lo que ellas quieran.

Escuchas sus cantos y es mágico. Incluso fuera del agua, las oyes cantar.

Hubo un momento que aún permanece en mi mente. Estaba anocheciendo, y la lámpara de la lancha reflejaba en el agua. Salimos del agua y seguíamos escuchando a las orcas. Era algo de otro mundo.

(AFP / Olivier Morin)

El “Sula” estaba capitaneado por el noruego Olav Stromsholm, al mando de este tipo de viajes desde hace veinte años, y la vida a bordo era una parte capital de la experiencia.

Cuando no estábamos en el agua, había mucho tiempo para esperar y charlar, así que durante siete días nos sumergimos también en ese ambiente: en la pasión de gente que vive para las orcas y en el entusiasmo de turistas que han venido desde cualquier parte para verlas.

Nosotros, además de la emoción del entorno, teníamos el extra bonus de la pasión por las imágenes. Nuestro objetivo era conseguir fotos y videos de orcas que los clientes de la AFP pudieran usar, y probar cómo funciona nuestro material en esas condiciones para poder conseguir mejores imágenes la próxima vez. 

(AFP / Olivier Morin)

 Así que no solamente nos dejábamos encandilar por el entorno sino que nos pasábamos el tiempo calculando cómo trasladar esa atmósfera a las fotografías.

Al final, el frío que tanto me había preocupado en un principio, resultó no ser para tanto. Esa primera inmersión, cuando me tiré al agua sin pensar, fue muy placentera. El agua estaba más caliente que el aire y me encontré confortable sumergido. No está tan mal esto, me dije. Puedo hacerlo otra vez.

Francois-Xavier Marit en aguas de Noruega, en enero de 2019 (AFP / Olivier Morin)

Olivier Morin

Llevaba mucho tiempo queriendo hacer esta historia porque combina muchas de mis pasiones: el frío, las condiciones extremas y el cambio climático, pero esta misión excedió mis expectativas.

(AFP / Olivier Morin)

Hacía varios años que había escuchado que las orcas migraban hacia el norte siguiendo el ritmo de los bancos de arenques, que cada vez suben más en busca de las aguas heladas que les gustan. Durante mucho tiempo he estado queriendo hacer reportajes de cambio climático, sobre todo en condiciones extremas, y me parecía la historia perfecta que tenía, además, fotos de orcas para arrancar.

(AFP / Olivier Morin)

Soy un aficionado al agua fría. Una de las series favoritas de fotos que he hecho es sobre personas que hacen surf en los mares helados del Ártico, y también estuve fotografiando a Johanna Nordblad, una mujer que bucea bajo los hielos de los lagos de Finlandia. Bucear en el norte encaja completamente conmigo.

Los últimos cinco años las orcas han subido 200-300 kilómetros, y cerca de 600 kilómetros en los últimos 20 años en busca del arenque.

(AFP / Olivier Morin)

No teníamos mucho tiempo para fotografiarlas. Siguen a los arenques por los fiordos entre noviembre y enero, con días de apenas 2,5 horas de luz, entre las 11h30 y la 13h30. La luz natural es muy importante en una situación como ésta, con el sol muy bajo en el horizonte y además nublado.

Hubiera preferido un cielo azul, pero por otra parte ese resplandor teñido de azul configuraba una atmosfera dramática que parecía de otro mundo.

Pierre, el experto en orcas, lleva 20 años trabajando con ellas y las conoce perfectamente, así que tiene una serie de tácticas sobre cómo acercarse: siempre hay que ir por el lado, nunca de frente y hay que ponerse a su misma velocidad para que puedan irse si quieren.

(AFP / Olivier Morin)

Estos animales son sencillamente prodigiosos. Uno siente inmediatamente cuando le están observando, y entiende que no supone un problema para ellas. Cuando te ven, giran sobre su espalda y te escanean pausadamente con una expresión calmada en su mirada, como diciendo: “Te he visto, está bien, sé que estás ahí. No me inquieta para nada”.

(AFP / Francois-Xavier Marit)

Cuando uno las mira de cerca se da cuenta de que son máquinas perfectas. Se ve que son predadores construidos perfectamente y extremadamente inteligentes. Los científicos no  saben mucho sobre ellas, pero lo que sabemos por ahora es fascinante.

Pierre nos contó que no hay precedentes de orcas que hayan atacado a humanos en libertad, que hacen duelo de sus muertos, que si una de ellas resulta herida el resto le ayuda a comer, y que no solamente se comunican entre sí, sino que las diferentes manadas tienen diferentes dialectos, con vocalizaciones tan diversas como los dialectos o los lenguajes humanos.

Tan elegantes

Y además son tan elegantes... esos predadores gigantescos tienen una gracia fascinante. Pueden acercarse a ti tanto como les parezca y uno nunca se siente amenazado. En toda la semana que pasamos observándolas, no me sentí amenazado entre ellas ni una sola vez.

La forma de sus movimientos recuerda a un ballet.

Tienen una técnica especial para comer arenques: los juntan para que los peces estén más concentrados y el banco sea más denso, y entonces los golpean con sus poderosas aletas traseras matando a algunos y atontando a otros.

Ahí es cuando empieza el festín, pero no se limitan a engullirlos, sino que los comen uno por uno, y luego escupen la cabeza y las espinas. Es increíble verlas comer con esa gracia y esos modales. Era elegante, es todo lo que se me ocurre decir recordando su forma de comer. La forma de sus movimientos recuerda a una compañía de ballet.

Son máquinas perfectas y tremendamente inteligentes. Se mueven con gran desenvoltura y elegancia y se acercan a ti lo que les apetece.

Hipnosis

La experiencia total es cautivante, porque uno no solo contempla sus movimientos, sino que además escucha sus canciones. Sus hermosas y cautivadoras canciones. Si hubiera podido estar diez horas mirándolas, habría estado diez horas. No quieres que se termine, es como si te hipnotizaran. 

Las condiciones para las fotos no eran ideales, hubiera preferido un agua cristalina. Son aguas donde habitualmente hay una visibilidad de 20-30 metros, pero nosotros apenas tuvimos 10-15 metros por una tormenta reciente que removió la tierra del fondo. Sin embargo, estoy seguro de que tendré otra oportunidad para hacerlo, porque pienso volver.

El fotógrafo de la AFP Olivier Morin hipnotizado por las orcas en aguas de los fiordos noruegos, en enero de 2019. (AFP / Francois-Xavier Marit)

Me encanta hacer surf pero reconozco que esta experiencia estuvo más allá del placer de surfear. Fue más emocional. El surf te purifica la mente y el cuerpo, las orcas te sumergen en un trance y logran hipnotizarte.

(AFP / Olivier Morin)

 

Olivier Morin
François Xavier Marit