“Unos cuantos años después de comenzar a trabajar como camarógrafa en la región paquistaní en la que vivo, un grupo de hombres me atacó con furia por lo que estaba grabando”, relata Shazia Bhatti, camarógrafa de la AFP en la ciudad de Multan, en Pakistán.
“Me empujaron y rompieron mi cámara. Mi madre y mis hermanos, muy preocupados, me rogaron que dejara el periodismo y que buscara un trabajo que pudiera hacer desde una oficina o desde casa. Me negué”.
“No hay ningún lugar completamente seguro para una mujer en Pakistán”, les dije. “Por todas partes hay peligro y riesgos. Conozco este trabajo y me gusta lo que hago, a pesar de los riegos. Cuando trabajo en medio del peligro, me siento más fuerte, me siento más viva”.