Petit écolier en Charlie Hebdo
Parte del equipo de Charlie Hebdo en la oficina del semanario en marzo de 2006. En primer plano: Cabu (izquierda) y Charb. Detrás: Tignous (izquierda) y Honoré (derecha) (AFP / Joel Saget)
MOSCÚ, 9 de enero de 2015 - Supe que quería ser periodista esa mañana del otoño de 1996, cuando tecleé el código 1515 frente a la puerta de un edificio parisino de la calle Abel Hovelacque, cerca de la Place d'Italie.
Estaban todos allí, sentados alrededor de una gran mesa, comiendo chocolate Côte d'Or y bizcochos Petit Ecolier, mientras dibujaban. Ellos eran los periodistas, los caricaturistas de Charlie Hebdo. Y me parecieron extrañamente sabios para que inspiraran el odio de aquellos –que ya entonces eran numerosos- que promovían el odio.
Yo tenía 20 años, era un estudiante de historia y creo que me tranquilizó ver que ellos comían chocolate, que los periodistas comen tabletas enteras de chocolate a las 11 de la mañana.

Reunión de redacción en Charlie Hebdo en noviembre de 2001. De derecha a izquierda: Gébé, Honoré, Tignous, Cavanna y Gérard Biard (AFP / Francois Guillot)
En la mesa había lugar para todos, pero este lugar había que ganárselo. Me gustaría escribir, por vanidad, que fue duro, que mi pasantía de una semana (que se prolongó tres meses) fue complicada, que había que hacerse notar ante estos caricaturistas que despreciaban por completo los Mickey, estos hombres y mujeres (ellas eran pocas) que trabajaban sin parar. La verdad es que nunca he visto una redacción más acogedora, más curiosa y más expectante de escuchar que la de Charlie Hebdo.
"También nos reímos en la Resistencia"
El primer día, Gébé (fallecido en 2004) me criticó porque me parecía genial “El ejército de las sombras”, la obra maestra de Melville. Él opinaba que era una película "tan triste, tan arrogante, cuando también nos reímos en la Resistencia". Cavanna (muerto en 2014) me preguntó por mi padre, mi madre, mi familia. Yo veía sus bigotes antes de escuchar sus palabras. Me hablaba del barrio de mi infancia, de las fábricas Panhard.

El economista Bernard Maris durante su campaña para las elecciones parlamentarias de 2002 en París (AFP / Joel Saget)
Al economista y profesor en Sciences Po Rennes, tío Bernard (ultimado en el atentado) se le metió en la cabeza explicarme las tasas de interés y la deuda de Francia, mientras Bernar (muerto en 2006) se ponía el guante blanco que se colocaba cada vez que dibujaba para no manchar sus mesas.
"Le aseguro, señor Bentalbi, que las rayas lo adelgazan"
Cabu, a quien todos llamaban Jean, se burlaba de que no me atreviera a hacer preguntas acerca de Dorothy y Recre A2 y me hablaba de ombligos de chicas en el Boulevard Saint-Germain.
Estaba Willem, cuyo acento no entendía. Estaba Riss, con el pelo corto en aquel momento, que citaba el almanaque Vermot. Luz, que había abandonado el derecho hacía poco, aún no había descubierto el mundo de los DJ y me dibujó vestido con un uniforme de campo de concentración delante de un Bruno Megret de capo nazi diciéndome: "Le aseguro, señor Bentalbi, que las rayas lo adelgazan".

Cabu en su casa en París en diciembre de 2008 (AFP / Stéphane de Sakutin)
Estaba Charb, con sus enormes ojos detrás de sus gafas, su cabeza de colegial y sus tarjetas de trenes RER. Estaba Wolinski, que me dio mi primer puro después de un cuscús un sábado sin decirme que no había que tragar el humo.
Estaba Anne Kerloc'h, actualmente en 20minutes.fr, que me dio miedo, lo que yo nunca había confesado.
El sueño de una pasantía en Charlie Hebdo
Y estaba François Camé, el director de información. Ah, François Camé...
Pero vayamos en orden. ¿Es un sueño una pasantía en Charlie Hebdo cuando uno quiere ser periodista? No. Soñamos con el Monde, con Libération, con AFP.
Y es un error. Porque sin Charlie Hebdo, sin estos "viejos" Wolinski, Cabu sin Charb y Tignous, yo nunca habría llegado a ser lo que soy.

Wolinski en el Festival de Cannes 2008 (AFP / Anne-Christine Poujoulat)
Puedo verme allí, estudiando en la Sorbona y en idioma ruso y buscando una pasantía. No tenía ningún contacto ni recomendación. Envié cartas de motivación a todos lados y no recibí ni una sola respuesta.
Entonces, un domingo, estaba en el Centro Pompidou en París para asistir como simple espectador a la grabación de un programa de televisión para Arte. Philippe Val era uno de los invitados. Al final, junté valor y me acerqué para pedirle una pasantía en Charlie Hebdo.
¿Por qué estás aquí? "Para ocupar su lugar"
"Ven mañana", respondió.
Al día siguiente, entonces, me inventé el 1515 en el teclado digital de la entrada y me planté en Charlie Hebdo. La mesa. El chocolate. François Camé. Él tenía los pies sobre la mesa y me preguntó que por qué estaba aquí.
"Para ocupar su lugar", le contesté.

Charb en la redacción de Charlie Hebdo en septiembre de 2012 (AFP / Fred Dufour)
François Camé ha hecho de mí lo que soy. Un periodista. Fue mi primer mentor en el medio. Me hizo entrar como pasante en el Libération, donde conocí a Philippe Lançon (pluma brillante gravemente herido en el ataque contra Charlie Hebdo). Luego vino el Figaro, AFP, Rusia, Irak, Afganistán...
Mi primera familia periodística
Los caricaturistas de Charlie son más que mis amigos, son mi primera familia periodística, esa con la que no podemos ni enfadarnos.
Durante todos estos años ha habido, de cuando en cuando, mensajes de Charb, invariablemente firmados “Allah Akbar” cuando yo estaba en misión en países musulmanes, preguntándome: “Entonces, ¿son divertidos los barbudos?

El equipo de Charlie Hebdo, en noviembre de 2001 (AFP / Francois Guillot)
Hubo una última conversación, hace años, con Cabu, lamentándose por el aumento de las tensiones y de los comunitarismos de todo tipo en Francia, y en la que me dijo riendo: “¿Tú crees, Karim, que yo debería presentarme como Jean, francés de origen cristiano, como todo el mundo lo hace actualmente?”.
La noche de la muerte de estos periodistas, conservo conmigo la imagen de hombres y mujeres de una gran curiosidad, de una inmensa tolerancia, con indignación sana, movidos por un gran sentido de la responsabilidad y por un gran rigor, estudiando minuciosamente la prensa para encontrar ideas y contraponer informaciones.

El equipo de Charlie Hebdo celebra el primer aniversario del renacimiento del semanario el 24 de junio de 1993 (AFP / Pierre Boussel)
Ellos me enseñaron la irreverencia, la ligereza, la exigencia de considerar todo, de cuestionarlo todo, de debatir y de reírse.
Muchas veces he pensado en Charb, en Cabu, frente a los insurgentes, los militares o del Kremlin, tratando de imaginarme lo que ellos verían con su aguda perspectiva, y que a mí se me escaparía.
Y esta noche, cuando un gran vacío me invade, quería creer que había chocolate y Petit Ecolier sobre la mesa de la redacción del Charlie Hebdo, cuando ellos dejaron de dibujar.
Karim Talbi, que comenzó su carrera periodística en Charlie Hebdo, es actualmente director adjunto de la oficina de AFP en Moscú. También ha trabajado en las oficinas de Bagdad, Kabul y París y ha cubierto los conflictos en Libia y Siria.

Manifestación de apoyo a Charlie Hebdo en la place de la Republique en París, el 7 de enero de 2015 (AFP / Martin Bureau)