"Cuando el nuevo coronavirus empezó a propagarse en febrero en el país vecino de Irán, los iraquíes de inmediato empezaron a volverse sarcásticos. Uno de los comentarios que más se escuchaba era: ¿Qué podría hacernos? Lo hemos visto todo", escribe Mohamad Ali Harissi, jefe adjunto de la oficina del Golfo y Yemen.
"Fue la primera vez que regresé a Bagdad desde 2014. La ciudad estaba muy diferente. Sin embargo, no había cambiado en nada".