Los desvalidos en Pekín

Pekín – Cuando eres fotoperiodista uno de los temas más importantes para reportear son los derechos humanos. Es de los que más me motiva y supongo que por eso he estado haciendo durante meses una historia sobre las ciudades de migrantes en los alrededores de Pekín.

Estas ciudades surgieron para acoger a las personas que llegan de las provincias para realizar los trabajos más precarios en esta urbe de incesante crecimiento. Generalmente son cocineros, limpiadores o cargadores. Suelen ser los residentes más pobres y, en mi experiencia, los más amigables.

En los últimos meses el gobierno ha estado intentando limpiar estas ciudades. Pekín se propone limitar su población a 23 millones de habitantes de aquí a 2020 (ahora hay unos 21 millones) y pretende que se vayan los provincianos más modestos y menos cualificados.

This picture taken on February 16, 2017 shows people walking on a street in the Heiqiaocun migrant village in Beijing.Black Bridge, febrero de 2017 (AFP / Nicolas Asfouri)

Tropecé con la historia hace más de un año, cuando fotografíe la ciudad Black Bridge que estaba muy cerca del centro de Pekín, rodeada de las rieles de trenes de alta velocidad. Parecía una isla. Visité este lugar porque tenía curiosidad y me quedé porque la encontré cálida, amigable (un respiro viviendo en Pekín) y hermosa, llena de vida y energía.

This picture taken on February 15, 2017 shows an elderly man sitting on the back of a tricycle ridden by an elderly woman in the Heiqiaocun migrant village in Beijing.El barrio Heiqiaocun en febrero de 2017 (AFP / Nicolas Asfouri)

Luego comencé a fotografiar otros barrios similares, en particular Houchang Village, que estaba mucho más lejos y era más pequeño. Lo visité regularmente, cada vez que podía librarme de las noticias para encontrar buenos momentos y buenas tomas. Después de un tiempo comenzaron los rumores de que algo estaba ocurriendo. Todos decían que la ciudad podía ser demolida. Entonces la reportera Joanna Chiu y yo esperamos y esperamos: idealmente queríamos capturar el momento del desahucio, pero nunca sabíamos cuándo podía ocurrir. Las autoridades llegaban y lo hacían.

(AFP / Nicolas Asfouri)

Un día llegamos y casi no quedaba gente. La zona que había fotografiado aparecía restringida, las puertas cerradas a cal y canto o bloqueadas con alambre de púas. Entonces vimos una puerta abierta y entramos. Era un área de la ciudad donde había tomado muchas fotografías porque rebosaba de vida. Ahora era un pueblo fantasma. Comencé a tomar fotos y recordé algunos lugares que había fotografiado antes.

(AFP / Nicolas Asfouri)

Pensé que podrían salir imágenes fuertes porque había varias viviendas que estaban precintadas con papeles blancos del gobierno, ahí donde antes había seres humanos.

Volví a la oficina e imprimí las fotos que había tomado cuando el barrio estaba habitado. Tuve que hacerlo porque si trabajaba de memoria, no lograría tomar fotos desde el mismo ángulo. De esta manera las sostenía en la mano y podía hacer una nueva imagen, lo más similar posible a la original.

(AFP / Nicolas Asfouri)

Las fotos salieron bastante bien. Tuvimos suerte de que esta parte de la ciudad no fue demolida. No quería ver solo destrucción y encontré esto mucho más interesante. La gente se había ido, pero cuando ponías las fotografías del antes y después juntas, de cierto modo podías ver la vida y la muerte de la ciudad.

(AFP / Nicolas Asfouri)

Había un lugar que tenía cinco corredores, digamos con unas 20 habitaciones en cada lado. Solía haber cien viviendas y ahora quedaba un puñado de personas a la espera de que les paguen sus salarios para volver a casa. Lin Huiqing, un cargador, tuvo la suerte de que un primo vivía justo al otro lado de la ruta, en la misma ciudad, así que se mudó con él.

(AFP / Nicolas Asfouri)

Alrededor de Pekín hay muchas ciudades como estas y la gente que las habita suele ser muy pobre, pero el escaso dinero que ganan –para los estándares de la capital- es mucho más de lo que ganarían en sus ciudades.

(AFP / Nicolas Asfouri)

Las personas con las que conversamos parecían bastante resignadas  a su destino, supongo que es porque no hay mucho que puedan hacer al respecto. Una mujer nos dijo: “¿Qué puedo hacer?”.

Creo que por eso me gusta hacer historias como esta. Las personas están completamente desvalidas. Si tienen que seguir adelante, siguen adelante. No hay mucho que puedan hacer y cuando intentan hacer algo, simplemente tienen más problemas.

Tenemos planeado seguir visitando estas ciudades porque su historia sigue en desarrollo.

(AFP / Nicolas Asfouri)

 

Nicolas Asfouri