Jorge García (C) reza una plegaria junto a otros dos cubanos antes de partir en la flotilla (AFP / Diego Urdaneta)

Flores y fuegos para La Habana

Vista desde el “Democracia” de la flotilla que sale de Cayo Hueso hacia el borde de las aguas cubanas (AFP / Diego Urdaneta)

KEY WEST, Estados Unidos, 13 de julio de 2014 – Nos habían advertido que llovería. Pero cuando salimos de Cayo Hueso, en el extremo sur de Florida, el mar todavía era una espectacular piscina verde.

"Va a haber tormenta", le dijo la guardia costera estadounidense al líder de la expedición, Ramón Raúl Sánchez. Reunión de emergencia. Algunos se bajaron del barco. "Me traes un poquito de agua cubana", gritó una señora que se quedó en el embarcadero, cuando ya zarpábamos. Ella y otro puñado de personas decidieron quedarse en el muelle. 

El resto, unos 25, nos acomodamos como pudimos en la flotilla de dos modestos botes de pesca y una lancha. Yo viajaba en el "Democracia", un barco de 12 metros de eslora, con una cabina de mando, asientos laterales en la popa y un baño que después de ocho horas se volvió inutilizable.

Pero ninguna de estas incomodidades, ni aún la promesa de mal tiempo, disuaden a los exiliados cubanos, algunos de 60 o 70 años, de hacer cada año esta travesía de 16 horas. La misión consiste en navegar hasta el límite donde comienzan las aguas cubanas, a una veintena de kilómetros de La Habana, y lanzar fuegos artificiales con la esperanza de que sus luces sean vistas desde la isla.

En esta oportunidad, la ceremonia conmemora el vigésimo aniversario del hundimiento de una embarcación con exiliados que huían de Cuba, en el que murieron 37 personas hace veinte años.

Ramón Saúl Sánchez, líder del Movimiento Democracia de Miami, listo para zarpar el 12 de julio de 2014 en Key West, Florida (AFP / Diego Urdaneta)

Sánchez, presidente de la organización anticastrista Movimiento Democracia de Miami y comandante del "Democracia”, dirigió una oración antes de zarpar. Los exiliados se tomaron de las manos. "Ayúdanos con el mar para que las luces se vean", pidieron.

Horas después, ya de noche, teníamos la silueta de luces de La Habana en el horizonte. Pero justo cuando la flotilla se detuvo donde las aguas internacionales se vuelven aguas cubanas, la lluvia amenazó con mojar la pólvora y abortar la ceremonia.

Una joven estaba lívida de náuseas. La miré con lástima, hasta que me di cuenta de que probablemente yo tampoco tenía buena cara. "Tómate un refresco", me dijo una voz. Luego una mano me acercó una gaseosa. Alguien me aconsejó que mirara al horizonte.

De repente, la tempestad dio un respiro. Las nubes se retiraron y, poco a poco, me sentí mejor. Era la noche de la "súper Luna", se veían algunas estrellas y se formó un impresionante arco iris lunar.

La mesa estaba servida para el plato fuerte: el lanzamiento de los casi 90 fuegos artificiales, que iluminaron de colores el cielo, para conmemorar el vigésimo aniversario del hundimiento del remolcador "13 de marzo".

En la madrugada del 13 de julio de 1994, cuatro barcos cubanos interceptaron al remolcador, que había salido minutos antes hacia Estados Unidos con 68 personas a bordo.

Lo atacaron con potentes chorros de agua a presión y uno de ellos lo embistió, lo que provocó que fuera a pique, según han narrado los sobrevivientes.

Murieron 37 personas, diez de ellas niños. Los exiliados están seguros de que detrás de los hechos estuvo el gobierno cubano, que siempre ha calificado el desastre de "accidente".

Esta "masacre (...) no quedará impune. Algún día los responsables serán llevados ante la justicia", me dijo Carmelo Díaz Fernández, exprisionero político del grupo de los 75 disidentes detenidos en la "Primavera negra" de 2003, durante la travesía. Poco después, el "Democracia" se detuvo para que los exiliados lanzaran flores blancas al agua.

"Este es el cementerio de ellos", dijo Jorge García, con la vista puesta en el mar. Allí perdió a 14 de sus 17 familiares que viajaban en el "13 de marzo". Hizo el resto del viaje en silencio y con los ojos húmedos.

Tener a pocos kilómetros a Cuba, de donde salieron para no volver, pone melancólicos a los exiliados, que tienen varias décadas sin haber vuelto a pisar su tierra.

"Hace 37 años que no la veo", dijo con un suspiro Alberto Pérez, vicepresidente de Movimiento Democracia. 

Una de las tres embarcaciones que partieron de Florida hacia el límite de las aguas de Cuba, para conmemorar la muerte de exiliados ahogados (AFP / Diego Urdaneta)

"Mira, allá está Habana del Este", "y aquella es la luz del Morro", "¿por dónde está Miramar?", decían los pasajeros y tripulantes, adivinando lo que veían a lo lejos, en los intervalos entre los fuegos artificiales que salían uno por uno cada dos o tres minutos.

Los petardos salían del "Nilito's toy" ("El juguete de Nilito") que, al igual que el "Democracia", es una modesta embarcación de pesca reconvertida en parte de la flotilla "Luces de libertad" del Movimiento Democracia, que desde 1995 ha realizado unas 25 incursiones como esta.

Toda la ceremonia era vigilada celosamente por un patrullero de la guardia costera estadounidense, cuyo tamaño, que dejaba a nuestras embarcaciones luciendo como barquitos de papel, adivinamos por sus luces.

Estaba ahí para garantizar que la flotilla no ingresara a aguas territoriales cubanas, lo que ya hizo en 1995. En esa primera ocasión, la incursión provocó un enfrentamiento con lanchas oficiales cubanas que amenazó con generar un enfrentamiento entre Washington y La Habana, sin relaciones diplomáticas desde 1961.

Desde ese incidente, un decreto presidencial estadounidense prohíbe la entrada sin permiso a aguas cubanas, so pena de cárcel.

“Nos parapetamos como pudimos bajo un techo que no nos cubría a todos” (AFP / Diego Urdaneta)

"Están acercándose a aguas territoriales cubanas", se escuchó la advertencia de la guardia costera estadounidense por la radio del "Democracia". La flotilla retrocedió y continuó el lanzamiento de los fuegos artificiales, que se prolongó por más de una hora.

Las embarcaciones, movidas por la marea, debieron reposicionarse varias veces.

En un momento dado, se alcanzó a escuchar por la radio una conversación entre autoridades cubanas. Aunque no vimos sus barcos en la oscuridad de la noche, los exiliados calcularon que estaban en algún lugar cercano, vigilando.

Sánchez aprovechó para responderles y abogar por la democracia. "Ojalá que la experiencia de la dictadura les lleve a comprender la importancia de la libertad", les dijo. No hubo respuesta y no los volvimos a escuchar.

"Este es el último", anunció por la radio "Milito's Toy", desde donde sale la última detonación ya cerca de las 11pm. "Por hoy", respondió Sánchez, antes de empezar a cantar el himno cubano con sus compañeros.

La guardia costera estadounidense también recibió palabras de Sánchez. El activista mostró su desacuerdo en que, como cubano, no pueda entrar libremente a aguas territoriales de su país. También lanzó sus dardos al gobierno castrista. "Me gustaría que el gobierno de mi país dejara hacer manifestaciones como esta".

"Apreciamos que hayan respetado la ley estadounidense y se hayan mantenido en aguas internacionales", respondió la guardia costera.

Flores blancas para rendir tributo a los 37 inmigrantes ahogados hace 20 años (AFP / Diego Urdaneta)

Apenas "Democracia" puso la proa en dirección a Cayo Hueso, la lluvia y el viento volvieron y la embarcación comenzó a sacudirse. Así fue por varias horas, mientras se iban apagando las voces de los exiliados. Algunos dormían donde y como podían.

Sánchez solo abandonó el timón por breves tramos, cuando era relevado por otros tripulantes.

Las olas rompían dentro del barco. Nos parapetamos como pudimos bajo un techo que no nos cubría a todos. Estaba lleno de goteras y nos mojamos un poco, aunque por suerte mi cámara y mi computadora quedaron ilesas. 

Menos mal que tenemos cerca la guardia costera, me dije. Si nos hundimos, al menos nos encuentran rápido.

Pero no fue necesario recurrir a esos ojos vigilantes. Llegamos a salvo a Cayo Hueso cuando ya era de día. En el muelle nos esperaron los que no viajaron. Los exiliados que descendían de los botes se veían exhaustos, pero sonrientes, felices de haber podido cumplir con el objetivo.

"Podemos decir misión cumplida. Nos sentimos contentos y orgullosos de ser parte de este grupo y de haber podido llevar este mensaje" hasta el punto más cercano a Cuba, dijo Sánchez, considerado por La Habana como un "terrorista" y sus flotillas como "provocaciones".

Sobre el muelle, estaba también el teniente de la guardia costera que nos había despedido 18 horas antes.

—¿Te mareaste?—, me preguntó. Y se rió antes de que le respondiera.

El exprisionero político cubano Carmelo Díaz Fernández (AFP / Diego Urdaneta)

Diego Urdaneta es corresponsal de la oficina de la AFP en Miami.