El árbol de Navidad de Gabriel
Pinheiro - Cuando llegué a Picarreira, un vertedero de basura en el barrio Cidade das Aguas de la ciudad de Pinheiro, en el estado de Maranhao, Brasil, no tenía idea de que estaba a punto de tomar una foto que se volvería enormemente viral.
Tompoco sabía que cambiaría la vida de Gabriel Silva, un niño de 13 años.

Había ido para ilustrar los crecientes niveles de pobreza en Brasil, que empeoraron durante la pandemia. Al llegar vi gente buscando comida entre la basura, peleando con perros y buitres, para rescatar algo para sus familias.
Los vertederos son como el infierno. El olor a animales muertos y comida en mal estado es lo suficientemente fuerte como para provocar náuseas. Los animales -buitres, vacas y perros- buscan su sustento junto con las personas. Un fuerte humo inunda el aire, peligroso para la salud de quienes buscan sobrevivir en el día a día.


Caminando horas después por este dantesco escenario, conocí a Gabriel, un niño de 13 años. Estaba preocupado por él, pues caminaba entre la basura, en medio de vidrios rotos y heces de animales. Decidí seguirlo para documentar su lucha.
Lo que sucedió a continuación fue una completa sorpresa. Gabriel tomó y abrió una bolsa azul: sus ojos se agrandaron y dibujó una enorme sonrisa. ¿Qué pudo haber encontrado? ¡Un pequeño árbol de Navidad de plástico!
Gritó: “Mamá, encontré un árbol de Navidad, podemos arreglarlo y llevarlo”.

Detrás de él, el humo llenaba el aire y los buitres volaban alrededor de las montañas de basura. Pero Gabriel estaba allí, en su propio mundo, concentrado en el tesoro hallado.
Estaba tan feliz con ese viejo arbolito... Lo metió en una caja de cartón y siguió buscando la comida que necesitaba desesperadamente.
Más tarde encontró una bolsa de pan en mal estado y la guardó en la caja junto con el árbol.
Envié las fotos a la AFP y las compartí con un famoso sacerdote brasileño llamado Júlio Lancellot, que lucha por los pobres que viven en las calles de Brasil. Publicó algunas de ellas en Instagram y rápidamente se viralizaron.
Gente de todo el mundo comentaba y pedía más noticias sobre Gabriel y su familia.
Mi cuenta de Instagram se volvió loca con los periódicos y la televisión tratando de entrevistarme y la gente preocupada preguntando sobre formas hacer donaciones y enviar dinero a Gabriel. Nunca antes me había pasado nada semejante. ¡Fue una locura!
La AFP me pidió luego que regresara a visitar a Gabriel en su modesta casa de barro para documentar en imágenes los cambios en su vida y la de su familia y ver qué donaciones había recibido.
Cuando lo volví a ver, Gabriel inspeccionaba su nueva bicicleta y estaba de muy buen humor. Hablamos mucho. Habló sobre su sueño de construirle una casa a su madre. Dijo que se sentía famoso.

Por supuesto, en un lugar de honor de la casa estaba el árbol de Navidad, ahora decorado y todavía claramente un tesoro para Gabriel.
La alacena tenía comida y Gabriel también pudo ponerse al día con sus estudios y jugar con un teléfono.

En total, Gabriel ya había recibido 70 canastas de comida, ropa y zapatos, una bicicleta y dos celulares nuevos. Una empresa inició un crowdfunding para ayudarlo a cumplir el sueño de construir una nueva casa para su madre. Ya se reunieron 12.600 dólares.

La mamá de Gabriel, María Silva, dijo: "Nuestra vida está cambiando y ahora tenemos algo para comer todos los días y pronto tendremos una casa y un techo sobre nuestras cabezas".
Continuaré en contacto con el pequeño Gabriel. Quiero saber qué le depara el futuro. A pesar del millón de imágenes que se toman y publican a diario, su foto es un ejemplo vivo de cómo un día una imagen puede realmente cambiar la vida de una persona.

Si desea donar a Gabriel, el sitio de crowdfunding es https://sovaquinhaboa.com.br/menino-lixao-arvore-natal-vaquinha
Relato de Joao Paulo Guimaraes en Pinheiro. Edición y traducción de Yanina Olivera Whyte en Montevideo