Cómo ser videasta y mujer en un Mundial de testosterona

Hinchas de Brasil en el partido contra México en un bar de Salvador (AFP / Dimitar Dilkoff)

MANAOS, Brasil, 4 de julio de 2014 - Estaba en un bar abarrotado en Manaos, en el corazón de la selva amazónica, grabando a los aficionados ingleses en la víspera del primer partido de Inglaterra contra Italia, el 13 de junio. Debía de haber como 40 grados de calor. No había ni un soplo de aire y la humedad era tan palpable que sentía que estaba sumergida en una piscina termal.

Llevaba un impermeable sobre la camiseta. El calor era insoportable. Pero tenía un dilema. Estaba frente a una mesa de 15 hombres con un regimiento de botellas en fila delante de ellos. Sabía que si emprendía el movimiento de quitarme la chaqueta, me iba a caer encima un aluvión de silbidos y comentarios de toda clase que me iba a hacer sentir muy incómoda.

Decidí esperar. Cinco minutos. Diez. No aguantaba más. Me estaba sofocando.

Ziiiip, bajé el cierre de la chaqueta.

Un segundo después, por supuesto, comenzaron silbidos y risas. 

“Fiuuuuuu, iuuuuuujuuuu”, gritaron y aplaudieron los aficionados ingleses, llamando la atención del resto de la barra, que lógicamente se sumó al espectáculo.

Se quedaron haciendo ruidos y chistes al menos cinco minutos.

Turistas británicos miran el partido Holanda-España en un bar en Manaos (AFP / Raphael Alves)

No es nada serio. Después de todo no hay insultos, no hay violencia, sólo un montón de ruido. Algunos dirían que debería sentirme halagada.  Pero estas reacciones, vividas con frecuencia por muchas mujeres, se multiplican por diez cuando una lleva una cámara en medio de un montón de fanáticos de fútbol durante un Mundial.

No obstante, el hecho de que estas cosas ocurran con frecuencia, no las hace menos desagradables. Éste es tal vez uno de los aspectos de mi trabajo como reportera de video del Mundial en Brasil que menos me gusta. Por ejemplo, me siento mucho más cómoda si tengo que cubrir una manifestación en Sao Paulo, que grabando a un montón de hombres que miran fútbol en un bar. Porque sé que seré tratada primero como una mujer y, con suerte, tal vez, luego como periodista.

Diría que, en este Mundial, prácticamente el 80% de los periodistas son hombres. En las conferencias de prensa siempre he sido, sin excepción, la única videorreportera mujer. El servicio de video de AFP, llamado AFPTV, está balanceado en ese sentido y la mitad de nuestro equipo es femenino. Pero, en lo que respecta a foto, hay una sola mujer de un equipo de 51.

Céleste Jones en acción tras la cámara en Brasil (AFP)

El periodismo deportivo está dominado por los hombres porque, durante muchos años, fue un monopolio masculino. Nadie puede negar que el arte de patear un balón de fútbol ha interesado históricamente más a los hombres a las mujeres. Basta con mirar a los aficionados que hicieron el viaje en Brasil: la gran mayoría son hombres. 

Julie Jammot, una reportera de video con sede en Londres, también quedó sorprendida por la cantidad de testosterona que flota en la atmósfera del Mundial. "Estaba preparada para enfrentar buena parte de las dificultades que luego surgieron: días interminables, un idioma que no conozco o conducir sola por caminos llenos de baches durante una noche de lluvia. Pero no me esperaba este ambiente ultramasculino ", me escribió cuando le pedí que me contara su experiencia. 

Durante sus coberturas en Recife, Natal y Salvador, Julie conoció a todo tipo de aficionados. Y asegura que la nacionalidad de los fans a menudo tiene menos impacto en su comportamiento como su estado etílico.

Julie Jammot cubriendo el Mundial en Brasil (AFP / Justin Davis)

“Hay algunos que intentan besarme al final de una entrevista. O están los que juegan a ser ‘encantadores’, que te toman el cuello con la mano y me dan un beso en cada mejilla. A veces ni siquiera me da tiempo para descubrir quién es el dueño de la mano errante que me acaricia el pelo. También están los que quieren tomarse fotos conmigo o lanzan invitaciones para tomar una copa cuando termine de grabar”, dice Julie.

“La mayoría de todos estos gestos son manejables. Pero, al cabo, toda la situación es agotadora e insultante”, concluye.

Esta última frase, creo, puede serle familiar a muchas mujeres periodistas. Lo aguantamos con estoicismo, porque es una condición sine qua non de este trabajo que nos fascina. ¿Deberíamos presentar una queja formal? De ninguna manera, porque no queremos arriesgarnos a que este tipo de cosas terminen pesando cuando haya que decidir quién cubrirá el próximo evento deportivo o el próximo conflicto armado. 

De hecho, la jefa del servicio de video de la AFP, Marie-Noelle Valles, dice que nadie debe ser nunca desconsiderado para futuras coberturas por experiencias previas de sexismo. Ser sujeto de comportamientos machistas es considerado como uno de los tantos factores de riesgo que pueden enfrentar los reporteros en su trabajo y es manejado de la misma manera.

En un bar en Brasilia, en mayo de 2014 (AFP / Evaristo Sa)

Tal vez ninguna de estas cosas es realmente importante en comparación a todos los demás riesgos que puede acarrear el trabajo de un reportero en el campo. Pero es desgastante. Y, sobre todo, muy frustrante, porque no hay manera de defenderse. Responder a estos comentarios sexistas cuando tienes una cámara muy valiosa en la mano y estás sola en medio de una multitud, es buscarse problemas. Lo más que podemos hacer es lanzar una mirada asesina, pero en general callamos o intentamos preservar nuestra dignidad fingiendo que no hemos escuchado nada.

Dicho esto, mis colegas hombres me han tratado todos, sin excepción, en igualdad de condiciones durante este Mundial. Vale la pena destacarlo, porque no siempre ha sido el caso en mis otras coberturas. Aquí en Brasil, cuando un colega me ha ofrecido ayuda para cargar uno de los cinco bolsos que cuelgan de mí a toda hora, lo hace por cortesía profesional y no porque soy mujer. 

Como lo dice Julie: "Lo más difícil no es ser una mujer en este ambiente, sino trabajar sola en estas condiciones". Por eso, la ayuda es siempre muy apreciada. Cuando alguien, hombre o mujer, ve a una periodista corriendo a una rueda de prensa, con la cámara al hombro, los cables de sonido todos alrededor del cuello, la laptop abierta en una mano y un trípode en la otra, es de sentido común, y no galantería, ofrecer ayuda. No es un complot sexista, es algo que se agradece.

Pero no nos engañemos. Una mujer que está cubriendo el mundial sufre mucho más con los comentarios sexistas que por el peso de su equipo. 

Céleste Jones y María Zuppello en el Mundial 2014

Céleste Jones es reportera de AFPTV Latinoamérica, con sede en Montevideo.