La diplomacia secreta en la era de Twitter

El secretario de Estado, John Kerry, en una conferencia de prensa en la embajada de Estados Unidos en Bagdad, el 23 de junio de 2014 (AFP / Pool / Brendan Smialowski)

WASHINGTON, 9 de julio de 2014 - "¿Entonces?", me preguntó mi vecino cortésmente, mientras podábamos nuestros jardines. "Es verdad que te vas con Kerry a Irak?". Me quedé de una pieza. Esto ocurrió tres días antes de nuestro ultrasecreto viaje a Bagdad. Supuestamente, mis jefes y mi marido eran las únicas personas en mi círculo que lo sabían.

Pero en la era de Twitter y su imparable socialización, la visita del secretario de Estado, John Kerry, a Bagdad el 23 de junio fue sin duda uno de los secretos peor guardados de la historia de la diplomacia estadounidense. 

Respetuosos de las medidas de seguridad, los periodistas que acompañaríamos a Kerry hicimos lo que pudimos para mantener la farsa y actuar como si no estuviéramos a punto de viajar a Irak en una misión secreta en la que Estados Unidos intentaría apuntalar la unidad del país frente a un fulminante contraataque de militantes yihadistas.

Pero la información ya estaba ahí afuera, en la insaciable tuitosfera, y tenía vida propia: los demás periodistas no paraban de buscar confirmación de algo que uno de ellos había tuiteado irresponsablemente. Y como ya se sabían las fechas en que Kerry visitaría Amán, París y Bruselas, no era demasiado difícil deducir cuándo estaría llegando a Bagdad.

Kerry saluda a los marines a su llegada a la embajada estadounidense en Bagdad, el 23 de junio (AFP / Pool / Brendan Smialowski)

Imagínense si hubieran existido la mensajería instantánea, Twitter y Facebook en 1971, cuando el secretario de Estado Henry Kissinger viajó subrepticiamente a China para preparar la histórica visita de Richard Nixon el año siguiente.¿Y cómo se habría escurrido luego a Pakistán con el pretexto –elaborado gracias a la ayuda del presidente de ese país– de que se había enfermado durante un viaje a Asia conocido como la “Operación Marco Polo”? El entrecano Kissinger, sin duda, habría sido desenmascarado inmediatamente por la primera persona con smartphone que se cruzara con él en el vestíbulo del hotel y posteara una foto en su Instagram.

La diplomacia moderna requiere mucha más astucia que antes, así como medidas más discretas y encuentros más disimulados, si pretende evitar la prensa y las redes sociales.Pero aún así todavía hay algunas sorpresas.

El enviado especial Henry Kissinger se reúne con el primer ministro chino Zhou Enlai en julio de 1971 en Pekín (AFP ARCHIVO)

El año pasado, se reveló que los archienemigos de hace décadas Estados Unidos e Irán llevaban meses conversando directamente para intentar darle un impulso a las negociaciones nucleares. Siguiendo órdenes del presidente, Barack Obama, el subsecretario de Estado William Burns y los asesores de la Casa Blanca Jake Sullivan y Puneet Talwar habían estado reuniéndose de incógnito con funcionarios iraníes de alto nivel.

Lo de “incógnito” fue posible gracias a que, a pesar de que son personas inteligentes, creativas y talentosas dentro de las más altas esferas de la diplomacia estadounidense, la mayoría de la gente es incapaz de reconocerlos en la calle. Pueden escapar del radar de los medios y las redes y llevar a cabo importantes misiones diplomáticas sin que nadie fuera de un estrecho círculo los descubra.

Un helicóptero del Departamento de Estado estadounidense transporta a Kerry sobre Bagdad, en una imagen tomada desde otro helicóptero (AFP / Pool / Brendan Smialowski)

Queda por ver si se alcanza un acuerdo cabal, pero los diálogos secretos entre Estados Unidos e Irán han permitido a las dos partes regresar públicamente a la mesa de negociaciones.Kerry es un decidido defensor de este tipo de diplomacia cara a cara.

Por eso, aún en el contexto de la importante crisis que afecta a Irak, la fuga de la información de su viaje secreto no le hizo suspender la visita a Bagdad. En cambio, la respuesta del Pentágono fue aumentar exponencialmente las medidas de seguridad del viaje, en particular en lo que tocaba al transporte del aeropuerto iraquí a la embajada estadounidense, que es una verdadera fortaleza.

Pero Kerry tenía otra sorpresa bajo la manga.

Mientras todas las miradas apuntaban a Bagdad, el secretario de Estado se escabulló al día siguiente a Erbil, al norte de Irak, donde se reunió con líderes de la región autónoma kurda. Esa vez, las redes sociales callaron y se mantuvo el secreto.

Kerry se reúne en Erbil, capital de la región autónoma kurda del norte de Irak, con el presidente del gobierno regional Masud Barzani (AFP / Pool / Brendan Smialowski)

Jo Biddle es corresponsal de la AFP para el Departamento de Estado en Washington.

Jo Biddle