El monumento del Ejército Rojo en Savour-Mogyla, en el este de Ucrania, el 7 de diciembre de 2014 (AFP / Eric Feferberg)

Soldados muertos en la nieve

SAVUR-MOGILA, Ucrania, 11 de diciembre de 2014 – Hace un frío paralizante en la cima de esta colina. Un viento glacial levanta un fino polvo blanco.

Estamos aquí para ver una imagen religiosa ortodoxa, que ha sido traída especialmente para conmemorar a los rebeldes prorrusos muertos en combate en esta región del este de Ucrania. Unas sesenta personas -familiares de los fallecidos junto a unos veinte combatientes separatistas- han subido hasta aquí a venerar el icono y rendir homenaje a sus muertos.

(AFP / Eric Feferberg)

La ceremonia se lleva a cabo en el monumento Savur-Mogila, construido cerca de Donetsk en honor a los miles de soldados soviéticos que murieron defendiendo este monte estratégico en la Segunda Guerra Mundial. Se trata de un inmenso complejo, dantesco, que se extiende por toda una vertiente de una colina a pocos kilómetros de la frontera rusa. El monumento fue parcialmente destruido durante los enfrentamientos entre las tropas gubernamentales de Ucrania y los separatistas en julio y agosto pasados. La colina ha cambiado de dueños varias veces.

Los monumentos que aún se mantienen en pie estás llenos de impactos de bala. Tres enormes bloques de acero muestran caras gigantes de soldados, ahora salpicadas de agujeros color óxido, que miran a lo lejos el paisaje cubierto de nieve.

(AFP / Eric Feferberg)

La cima de la colina estaba coronada otrora por un obelisco de treinta metros de alto, en cuya parte superior estaba sentado un soldado del Ejército Rojo blandiendo su fusil sobre su cabeza. Fue destruido durante sucesivas batallas.

Todo el complejo está sembrado de metralla, de pedazos de chatarra retorcidos. El lugar inspira sentimientos contradictorios de belleza, de nostalgia y de desolación absoluta. Es testimonio de la violencia entre los dos bandos.

A los pies del monumento, las tumbas de los combatientes prorrusos que murieron en combates recientes (AFP / Eric Feferberg)

Cientos de metros más abajo, al pie del complejo monumental construido en los años sesenta, unos frescos representan la serie de largas y sangrientas batallas al final de la cual el ejército soviético se quedó con el control de la colina de la Wehrmacht en agosto de 1943. Los nombres de los miles de soldados muertos en el campo de honor están en una inscripción a un costado.

A los separatistas prorrusos los mueve una profunda nostalgia de la era comunista. Este monumento ocupa un lugar simbólico muy potente en su memoria colectiva. Y refuerza además su convicción de luchar contra los "invasores fascistas" de Kiev. Varios combatientes rebeldes caídos en los últimos meses fueron enterrados allí.

Salva en honor de los separatistas prorrusos muertos en la batalla (AFP / Eric Feferberg)

Durante la ceremonia, se cava un agujero al pie de la colina. Allí se entierra una vieja lámpara de minero con documentos de los fallecidos en su interior, y los combatientes separatistas disparan una salva de honor. La ceremonia dura varias horas. Los asistentes soportan estoicamente las ráfagas de viento y nieve a la espera del momento para arrodillarse ante la imagen de la Virgen de Tijvin, traída de Moscú para la ocasión.

La reliquia ortodoxa rusa tiene una historia extraordinaria. Tiene varias versiones, la más antigua de las cuales se remonta a 1383. La que tenemos antes nosotros data de 1803. Se dice que estuvo presente en la batalla de Borodino contra las tropas de Napoleón en 1812. Luego, en 1941, fue trasladada a Moscú para proteger la ciudad contra la invasión nazi. Hoy en día, la imagen se lleva de un lugar a otro para animar a los soldados prorrusos en su lucha contra las tropas ucranianas pro occidentales.

Eric Feferberg es un fotógrafo de la AFP en París. Estuvo en el este de Ucrania tres semanas en noviembre y diciembre de 2014.

La imagen de la Virgen de Tijvin, una de las más veneradas en Rusia (AFP / Eric Feferberg)

Eric Feferberg