Cuando la democracia se tambalea
Washington – Iba a ser un gran día en Washington, pero se convirtió en el último sobresalto de la agitada presidencia de Donald Trump. El Congreso de Estados Unidos debía reunirse para certificar la victoria de Joe Biden en los comicios de noviembre como nuevo inquilino de la Casa Blanca, un evento ceremonial que adquirió enorme importancia ante la negativa de Trump de admitir su derrota.
A la postre, pasará a la historia como el día en que una turba de sus adeptos copó el Capitolio, generando asombrosas escenas capturadas por un equipo de 17 reporteros, fotógrafos y videoperiodistas de la AFP.

En torno a las 9 de la mañana del miércoles 6 de enero, los fotógrafos Saul Loeb y Olivier Douliery atravesaron los puestos de control para ingresar al complejo parlamentario. "El ingreso al Capitolio fue, en materia de seguridad, básicamente como el de un día cualquiera", dijo Saul, de 37 años, quien ha ganado una serie de premios por su cobertura política durante las últimas tres presidencias estadounidenses. "Eso fue un poco sorprendente, pues se sabía que iban a haber grandes protestas".
Los 100 integrantes del Senado y los 435 de la Cámara de Representantes sostendrían una sesión conjunta con el fin de certificar la victoria de Biden. Varios republicanos habían prometido desafiar la certificación y el propio Trump -que denuncia un fraude electoral sin presentar pruebas- ejercía presión para que su leal vicepresidente Mike Pence la invalidara de alguna manera.

En el otro extremo de la explanada de Washington, Trump se preparaba para hablar, cerca de la Casa Blanca, ante miles de adeptos que viajaron desde todos los rincones del país para "defender" al presidente y "Stop the Steal" ("detener el robo"), eslogan que repiten convencidos de que los comicios de noviembre fueron amañados para favorecer a Biden.
El fotógrafo Roberto Schmidt y la videoperiodista Agnes Bun se unieron a los fanáticos seguidores del mandatario. "Había miles de personas. Parecían energizadas y la mayoría no llevaba barbijo. Cuando llegó Trump, estaban eufóricos", evoca Roberto, un veterano fotógrafo gemano-colombiano. "Habló y habló, y luego los invitó a marchar hacia el Capitolio".
En la multitud habían varias caras conocidas para la AFP, vistas en uno u otro de los mitines de Trump.

Uno de ellos notorio, con el torso desnudo y la cara pintada luciendo un sombrero de piel tocado con cuernos de búfalo. La imagen de Jake Angeli -ese es su nombre- dio la vuelta al mundo. Y ya había sido fotografiado por la AFP en actos de Trump tanto en Arizona como en Georgia.
Angeli, bajo custodia tras ser acusado el sábado 9 en el marco del asalto al Congreso, se describe a sí mismo como un soldado digital de QAnon, grupo que impulsa la teoría conspirativa de que Trump libra una guerra secreta contra un culto liberal global de pedófilos adoradores de Satanás.
"Somos patriotas que estamos en la primera línea de Arizona para llevar nuestra energía positiva a DC", había asegurado Angeli en diciembre en la red social ultraconservadora Parler.
Otros se describieron como "nacionalistas blancos" o "libertarios". Mientras Trump ensayaba airadamente sus quejas electorales, azuzó aún más a la multitud, incluso cuando el vicepresidente rechazó públicamente su llamado a "hacer lo correcto" e intervenir para bloquear la certificación de la victoria de Biden.
"Vamos a caminar por la Avenida Pennsylvania ... y vamos a tratar de dar a nuestros republicanos... el orgullo y la audacia que necesitan para recuperar nuestro país", prometió Trump. "Todos los que estamos aquí hoy no queremos que los envalentonados demócratas de izquierda radical nos roben nuestra victoria electoral", dijo. "Vamos a detener el robo".
Al mediodía, Roberto se había alejado un poco de la concentración para transmitir algunas imágenes a la redacción de AFP. "Luego escuché detonaciones, así que rápidamente volví al Congreso", recuerda. "Vi cómo la multitud había superado las barreras que rodeaban el edificio ... No había suficientes agentes de policía".


"Busqué ubicarme a cierta altura para poder fotografiar lo que estaba pasando".
Agnes, que ha cubierto innumerables mitines de Trump en el pasado, dice que su mayor preocupación normalmente es contagiarse el coronavirus, pues muchos partidarios de Trump no usan mascarilla y creen que los medios exageran la gravedad de la pandemia.
"Pero me di cuenta de que este mitin iba a ser diferente. Incluso antes de que asaltaran el Capitolio, los seguidores de Trump estaban agitados", indica.
"Insultaban a gritos a los periodistas. Me ubiqué cerca de un grupo de reporteros para no quedarme sola si se ponían más agresivos. Lamentablemente ese fue el caso. Vi a un manifestante escupir cerca de los pies de un corresponsal que estaba transmitiendo; también lanzaron insultos racistas y anti-China contra aquellos reporteros de aspecto oriental. Como periodista francesa de origen asiático, empecé a sentirme cada vez más inquieta y me alegró que la mascarilla tapara buena parte de mi rostro".

"Cuando los manifestantes derribaron las barricadas de la policía y comenzaron a correr hacia las escaleras del Capitolio a primera hora de la tarde, apenas podía creer lo que estaba filmando. Seguí pensando que la policía los haría retroceder, pero sucedió lo contrario y, asombrada, capturé el momento en el que irrumpieron en el interior del edificio".
Junto con la videasta Diane Desobeau, Agnes vio a iracundos manifestantes rodear a un grupo de periodistas, muchos de los cuales se vieron forzados a irse y abandonar sus equipos, que pronto fueron destruidos por la turba.
"Rara vez me he enfrentado a un odio tan puro contra los periodistas. Los acontecimientos (del miércoles) demostraron tristemente que nosotros, como periodistas, estamos siendo cada vez más amenazados y atacados en todo el mundo, incluso en un país democrático, mientras tratamos de documentar los hechos que se desarrollan a nuestro alrededor en circunstancias desafiantes", dijo Agnes.
Dentro del Capitolio, Saul Loeb estaba transmitiendo imágenes durante un receso cuando de pronto se comenzaron a emitir advertencias por los altoparlantes.
"Se anunció un problema de seguridad dentro del edificio, y que había refugio", señaló.
Los manifestantes comenzaron a ingresar por el frente y por el fondo del Capitolio. Roberto Schmidt los siguió y obtuvo estas imágenes.


"Escuché cierta conmoción, algunos gritos… había una docena de manifestantes justo afuera de la cámara (del Senado)", dijo Saúl.


Pero el número de manifestantes dentro del edificio se multiplicó rápidamente hasta los varios cientos, jóvenes y viejos, muchos de ellos vestidos con 'Devolvamos la Grandeza a Estados Unidos" o con uniforme de combate.


En ese momento, la policía comenzó a evacuar a los legisladores y personal parlamentario, en escenas capturadas por Getty, una agencia asociada a la AFP.



"Había muchos rumores sobre lo que estaba ocurriendo afuera", recuerda el fotógrafo Olivier Douliery. Antes de que el edificio fuera acordonado, "decidí buscar un lugar para fotografiar a la multitud afuera desde otro ángulo. Golpeé puertas. En determinado momento, subí por una escalera de caracol que terminaba en un corredor sin salida, y encontré una oficina que tenía una ubicación central ideal para fotografiar a la multitud. Ahí fue cuando me enteré de que los manifestantes estaban ingresando".
Trató de reunirse con Saul, solo para ver que un grupo de partidarios de Trump blandiendo banderas ya se encontraba en la escalera de caracol. "Decidí dar la vuelta y advertir al personal del Congreso que estaba en la oficina que los manifestantes se acercaban", dijo Olivier.

Los funcionarios decidieron atrincherarse en sus oficinas. Usaron mesas y sillas para hacer barricadas, las que movieron silenciosamente para evitar atraer la atención. "Luego nos enteramos por un mensaje de texto que había habido un disparo. No sabíamos realmente lo que estaba pasando. Un televisor mostraba a CNN, pero lo manteníamos en silencio". La cadena de noticias pronto dejó de emitir imágenes desde adentro, pues se había vuelto demasiado peligroso.
"Estaba atrapado. Al principio pensé que me iba a perder toda la acción, pero luego reflexioné un poco y me di cuenta de que estaba con este grupo y que iba a contar su historia".


Las fotos de Olivier, al igual que las de Saul, fueron rápidamente recogidas por organizaciones de noticias de todo el mundo. Mientras Saúl fotografiaba a los manifestantes, Olivier mostró lo que estaba sucediendo a puertas cerradas, donde se escondían los empleados. Fue el fotoperiodismo 101: filmar la acción y la reacción.
Aprovechando al máximo su conocimiento del Capitolio y sus muchos corredores y pasajes, Saul recorrió el edificio fotografiando a los manifestantes.
"En su mayoría nos ignoraban o nos dejaban fotografiarlos", dijo Saul. "Estaban de humor jovial, felices de estar allí. ... No sé cuál era su plan, creo que tal vez no esperaban estar allí. Todo el mundo estaba tratando de averiguar qué iba a pasar a continuación ".

Saul se dirigió a las oficinas de la presidenta de la Cámara de Representantes y tercera en la línea de sucesión presidencial, Nancy Pelosi. “Normalmente, nadie puede ir a su oficina sin una cita, siempre hay un policía del Capitolio parado afuera. En este caso, cualquiera podía deambular por ahí y hacer lo que quisiera”, relató.
"Vi algunos manifestantes, gente con gorras de MAGA (sigla en inglés de 'Devolver la Grandeza a Estados Unidos'), que se tomaba selfies, y enviaba videos a través de las redes sociales, meterse en su oficina, mirar sus cosas, sus recuerdos, abriendo sus cajones, revisando todo".
El grupo, de unas 10 personas, actuó como si la habitación le perteneciera. Una mujer encendió un cigarrillo. "Fue entonces cuando me encontré con uno de los manifestantes sentado en el escritorio de un empleado con los pies en alto, mirando los papeles (de Pelosi). Esa es la imagen que mucha gente ya vio", dijo Saúl.

La foto simbolizó de alguna forma los hechos del miércoles y la afrenta a las instituciones democráticas estadounidenses. Un manifestante dejó una nota: No retrocederemos

Mientras tanto, Olivier enviaba imágenes desde el interior de las oficinas con barricadas. "De vez en cuando miraba por la ventana y veía manifestantes trepando por todo el lugar", recuerda. "En un momento oímos más detonaciones, probablemente gases lacrimógenos. Luego vino la confirmación del primer fallecido, un manifestante. El ambiente en las oficinas era extraño. Nadie hablaba. Todos estaban en su esquina con su teléfono. De repente, todo quedó en calma. Y luego, un poco después, escuchamos más gritos".


¡Policía! ¡Policía! ¡Abran! "Todos dudaron. ¿Qué tal si los manifestantes se estaban haciendo pasar por policías? Pero se decidió abrir las puertas. Retiramos los sofás usados como barricadas y la policía con equipo de combate entró gritando ¡Manos arriba!"
"Seguí tomando fotos. Era algo surrealista. Pasaron por todas las oficinas en busca de manifestantes. Pidieron ver nuestras credenciales y luego nos enviaron fuera del edificio. Fuimos escoltados a través de una serie de túneles estrechos por agentes armados que ya habían asegurado esas rutas de evacuación ".
A medida que se desarrollaban los acontecimientos, el asalto al Capitolio fue calificado por varios legisladores como un intento de "golpe". Roberto Schmidt cree que eso es un poco exagerado.

"Claramente querían causar caos afuera, pero ninguno de ellos esperaba cruzar las vallas policiales", dice Roberto. "Cuando se toparon con la resistencia policial, siguieron de largo. Verlos deambular por el Congreso me hizo acordar de una experiencia en Haití años atrás cuando vi a una multitud invadir un hotel de lujo. ¡Todo lo que querían era tirarse a la piscina!"

Gradualmente, las autoridades retomaron el control del edificio, despejando varios pequeños espacios antes de avanzar. "La democracia de Estados Unidos es frágil. Nada de lo ocurrido es sorprendente. Los políticos han permitido durante años el crecimiento de este movimiento, dándole oxígeno", estima Schmidt.
Una vez que el Congreso fue recuperado y asegurado, Saul Loeb y Olivier Douliery regresaron al recinto donde los legisladores conmocionados reanudaron la sesión a las 8 de la noche, decididos a terminar lo que habían iniciado.

Pence no cedió a la presión de Trump y el resultado del Colegio Electoral de 306 votos para Biden contra 232 para Trump fue debidamente certificado. Pasadas las 3:30 de la madrugada, Biden fue confirmado como el 46º presidente y Kamala Harris como la primera vicemandataria mujer y negra de Estados Unidos.

Si los manifestantes influenciaron de alguna forma el procedimiento, fue de manera opuesta a lo que se proponían: pese a que demoraron la certificación por algunas horas, varios senadores abandonaron o moderaron su oposición, horrorizados por los acontecimientos de la jornada.

El equipo de AFP terminó su tarea entre las 4 y las 6 de la mañana, para regresar a sus hogares en medio del frío en una capital que aún no amanecía y bajo toque de queda tras los violentos sucesos.
Tras despuntar el día, el Capitolio estaba rodeado de barreras insalvables, similares a las colocadas meses atrás en torno a la Casa Blanca, cuando las protestas contra el racismo y el abuso policial sacudieron a la capital estadounidense.
