Le premier ministre français Jacques Chirac, coiffé d'un chapeau traditionnel, sourit le 29 août 1986 lors de son arrivée à Nouméa. (Photo by REMY MOYEN / AFP) (AFP / Remy Moyen)

Jacques Chirac: recuerdos y confidencias de periodistas de AFP

A lo largo de los años, varios periodistas de la Agencia France-Presse conocieron a Jacques Chirac: especialmente cuando era alcalde de París, en Matignon, cuando fue primer ministro de Valéry Giscard d'Estaing y François Mitterrand, y luego en el Palacio del Elíseo.

Philippe Goulliaud, que desde entonces entró a formar parte de Le Figaro, el periodista y escritor, Michel Martin-Roland, y Sylvie Maligorne, la jefa del servicio político de la AFP, nos hablan de su "Chirac", un animal político "jovial", "cercano a la gente" y al mismo tiempo un "mentiroso empedernido".

Periodista de la Agencia France-Presse de 1983 a 2005,  Philippe Goulliaud fue corresponsal permanente en el Elíseo de la AFP y luego de el Figaro. Para él los "años Chirac"  fueron los "estimulantes" años en los que siguió al presidente de la República en sus viajes en Francia y alrededor del mundo, descifró sus discursos, observó sus ideas y venidas detrás de la ventana de la sala de prensa, tratando de saber lo que la gente trataba de ocultar, asegura. "Era un formidable sujeto de estudio".  "Un presidente proteico que ha encarnado todas las contradicciones del pueblo francés".

"Era un hombre complejo, dotado de una sincera empatía pero forjado en la dureza del combate político. Un franchouillard atraído por las culturas asiáticas y los horizontes lejanos". 

Su muerte ha hecho resurgir un cúmulo de remembranzas. Recuerdo ese 12 de julio de 1998 cuando Francia ganó la copa del mundial de fútbol. Chirac había invitado a personal civil y militar del Palacio a ver el partido en familia en el Elíseo, al que él asistió en el estadio France en Saint-Denis, en los suburbios del Norte de París. Habían buffet campestre y pantalla gigante, el salón de las fiestas se transformó en un "mini estadio de Francia".

Jaques Chirac celebra el 12 de julio de 1998 en el Estadio de Francia en Saint-Denis, cerca de París, luego de que Francia vence 3-0 a Brasil en la Copa del Mundo 1998. (AFP / Gabriel Bouys)

Los oficiales, empleados, gendarmes, secretarios o miembros del gabinete con los que me reunía diariamente vestidos de trajes o uniformes ese día llevaban con orgullo la camiseta de los Bleus y los rostros pintados con los colores de Francia. 

Recuerdo como si fuera ayer la figura alta de Jacques Chirac en las escaleras del palacio, preparándose para salir hacia el estadio con su gran amigo Gregory Peck. 

El presidente me hizo señas para que me acercara y me lo presentó. Me sentí tan intimidado que, como persona bastante habladora, no sabía qué decirle a esta leyenda del cine americano. 

¡Y uno, y dos, y tres cero! El triunfo del equipo francés despertó un gran entusiasmo en el Elíseo. Y luego cuando Jacques Chirac volvió de Saint-Denis, después de haber entregado la copa a los hombres de Zinedine Zidane, entró en el salón de las fiestas y fue recibido como el libertador de la Patria. 

Fiel a su estilo, el presidente saludó, besó a las damas y a los niños. Antes de levantar el vaso en un ambiente de alegría, le habían reservado una cerveza Corona bien fría para él.

(AFP / Thomas Coex)

Como viejo lobo de la política, Jaques Chirac sabía mejor que nadie los efectos unificadores se esa victoria de los Bleus. Y en plena convivencia con la izquierda plural de su primer ministro Lionel Jospin, se benefició de un increíble resurgimento de popularidad.


De 2005 a 2007, Emmanuel Serot se instaló en la oficina con vistas al patio de los corresponsales del Elíseo, donde descubrió un Chirac amistoso, un "líder que debe saber dirigir" (palabras de Chirac), una presidencia cuya comunicación estaba "tan cerrada que era casi imposible obtener una cita que no había sido escrita, preparada y discutida con antelación".

El 3 de septiembre de 2005, al mediodía de un sábado cuando comenzaba el año escolar, Emmanuel Serot espera a sus hijos en la puerta de una escuela parisina...... 

"Mi teléfono sonó.  Era Pierre Favier, jefe del departamento político: "Normalmente las llamadas anónimas nunca se toman en cuenta, pero tengo una duda. Alguien que dice que trabaja en el hospital de Val-de-Grâce acaba de llamarme para decirme que Chirac ha estado en el hospital desde anoche y que es grave.... ¿Puedes ver de tu lado?".

Luego llamo al jefe del servicio de prensa del Elíseo, Agathe Sanson, que responde  de manera misteriosa: "No lo sé, pero te llamaré".

Son las 12:50. Si la información se confirma, me gustaría poder darla para el noticiero de radio y televisión de la 1:00 p.m. 

Vuelve a sonar mi móvil: "Bueno, ya que está empezando a salir, entonces sí, fue admitido anoche en el Val-de-Grâce", me dijo Agathe Sanson del otro lado  de la línea. Luego me dice en una frase que Chirac  está bien. Yo a mi vez dicto la "alerta" - este tipo de información, que se muestra en rojo en las pantallas de todos nuestros clientes suscriptores: "El Presidente Jacques Chirac fue trasladado de urgencia al hospital de Val-de-Grâce". Son las 12:59. ¡Las radios y los televisores sólo tienen que dar la vuelta a sus noticieros  en un minuto para integrar estas noticias!

Periodistas frente al hospital militar del Val-de-Grâce, el 8 de septiembre de 2005. (AFP / Patrick Kovarik)

Al principio, el Elíseo negó que se tratara de un accidente cerebrovascular, embarcándose en explicaciones médicas de las que nosotros, acreditados por el Elíseo, no entendimos nada.

Una semana después, Jacques Chirac salió del hospital sonriendo del brazo de Bernadette, bromeando incluso con los periodistas que lo esperaban.

9 de septiembre de 2005, hospital militar de Val-de-Grâce en París (AFP / Jean-pierre Muller)
Jacques Chirac deja el hospital y broméa con los periodistas (AFP / Jacques Demarthon)

 

Mucho tiempo después, tuve la última palabra sobre la llamada anónima. En el hospital militar de Val-de-Grâce, donde el secreto estaba siempre bien guardado, un miembro del personal furioso por la falta de transparencia del Elíseo, que no quería mantener en secreto esta hospitalización, se encargó de llamar a las AFP y romper el secreto.

Cuando estallaron los disturbios en los suburbios de París y luego en otros lugares de Francia en noviembre de 2005, tras la muerte de dos adolescentes en un transformador eléctrico mientras huían de la policía, Jacques Chirac se recuperó de su derrame cerebral.

28 de octubre de 2005 en Clichy-sous-Bois, cerca de París. (AFP / Joel Saget)

Espera once días para expresarse en la televisión. Lleva gafas, relanzando la especulación sobre su salud y el impacto de su derrame cerebral en su visión. Parece un poco perdido, lee su texto sin énfasis.... Y sobre todo, da la impresión de que no comprende plenamente a este joven ante el que adopta un tono paternalista: "Quiero decirles a los niños de barrios difíciles que, cualquiera que sea su origen, todos son hijas e hijos de la República".

Bernadette Chirac, el 21 de noviembre de 2005 (AFP / Patrick Kovarik)

La vida en el Elíseo, después de este accidente cerebrovascular, ha cambiado definitivamente. La agenda presidencial se ha reducido, particularmente desde el mediodía hasta las 3:00 p.m. El presidente solía tomar una siesta con las cortinas cerradas. A veces Bernadette Chirac decía que había demasiado ruido en el patio. Recuerdo las tardes en las que se sentía un cierto letargo....

                                               

Sylvie Maligorne, jefe del servicio político de 2009 a 2014, acreditada en Matignon de 1991 a 2002, antes de ser responsable de la cobertura parlamentaria, también tuvo una "vida consagrada" al periodismo con Chirac.

"Mi primer recuerdo de Jaques Chirac se remonta a la primera convivencia (1986, 1988). François Mitterrand era el presidente y él era el inquilino de Matignon. En esa época estaba en el servicio económico de la agencia y cubría agricultura, una de las áreas favoritas de Jacques Chirac.

Jacques Chirac en el salón de agricultura el 6 de marzo de 1975 (AFP / Stf)

Tenía la imagen de un Chirac de contacto alegre, cariñoso y cercano a la gente. Así que, sabiendo todo eso pero de manera ingenua me prometí que me acercaría a él y le haría una pregunta sobre las cuotas lácteas. En ese momento, era un gran reto.

Jacques Chirac en el salón de la agricultura en París, el 10 de marzo de 1982 (AFP / Pierre Guillaud)

Estábamos en la Asamblea Permanente de las Cámaras de Agricultura, Jacques Chirac acababa de dar un discurso y cuando baja del escenario lo sigo. Llegamos en una escalera, un grupo de asesores y miembros de su servicio de seguridad lo rodeaban. ¿Cómo consigo su atención y le hago la pregunta?, me preguntaba. Sin pensarlo, lo agarro por la manga y lo sacudo. Estaba un paso detrás de él. Se da la vuelta, me dispara en los ojos antes de soltar un estruendoso "hola", un segundo antes de girar sobre los talones. 

Posteriormente, como miembro acreditada por la AFP en Matignon de enero de 1991 a junio de 2002, tuve muchas oportunidades de volver a encontrarme con Jacques Chirac. 

En Matignon hay una cosa que figuraba en primer lugar en la sala del personal. Siempre hay cerveza Corona en las heladeras de ayuntamiento de Varenne. En especial fue divertido durante la convivencia con el socialista Lionel Jospin, entre 1997 y 2002. Era divertido e instructivo ver a Jacques Chirac y Lionel Jospin moverse en público, cada uno trataba de tomar control físico sobre el otro, quien pondría la mano sobre el hombro del otro para mostrar su poder, quien estaría mejor situado en la foto de familia. 

Jacques Chirac, seguido por el Primer Ministro Lionel Jospin (C), saludó a los representantes sindicales y patronales el 8 de enero de 2002 en París, (AFP / Patrick Kovarik)
Jacques Chirac con el Jefe del Gobierno español, Jose-Maria Aznar, el 11 de octubre de 20011 en Perpiñán. En el fondo, el Primer Ministro socialista Lionel Jospin (AFP / Patrick Kovarik)

Con el rostro siempre bronceado, el traje impecable y bien cortado, y con unos centímetros más que su oponente, en este juego Chirac fue el ganador. 

Y luego estaban los baños de pueblo. Una verdadera prueba para Jospin. 

En octubre de 2001, Perpiñán acogió la cumbre franco-española. Cuando el presidente del Gobierno español, José María Aznar, llegó a la pequeña plaza estaban ahí unas doscientas personas. Después de los himnos vino el baño de pueblo. "Chirac, Chirac", gritaban, entonces  el presidente le dio a Aznar un frenético apretón de manos. Estaba muy contento y duró y duró así, mientra Jospin apretaba los dientes. Nosotros, los periodistas que seguimos esta cumbre, estamos en el escenario y nos reímos a carcajadas. 

El presidente Jacques Chirac (I) y el primer ministro Lionel Jospin (2en I) estrechan la mano a los agentes de policía el 11 de octubre de 2001 ante el Palacio de Congresos de Perpiñán, antes de participar en la XIV Cumbre franco-española (AFP / Patrick Kovarik)

                           

Entre 1985 y 1990, el periodista y novelista Michel Martin-Roland, se reunió regularmente con Jaques Chirac junto con el periodista Pierre Favier, para su libro el Decenio Mitterrand.

"Con los periodistas, bromeó de sus amigos, novias, líderes de los movimientos, asegurándose de que todo saliera bien para la manada. Las cenas con los periodistas fueron una oportunidad para hacer buenos chistes, suficientes guardias, nos reímos mucho. Durante nuestras entrevistas para nuestro libro, él nos dio todo su tiempo, con esa tendencia a la autocrítica que te desarma.  Más en guardia al final.

Jacques Chirac, el 16 de septiembre de 2003, en Moneteau, en los suburbios de Auxerre, durante un viaje al departamento de Yonne. (AFP / Patrick Kovarik)

En 1989 Pierre y yo pasamos dos horas en su oficina del ayuntamiento. Al final, insistió en que su chófer nos acompañara, sabía muy bien que nuestra oficina estaba en el Elíseo. Aunque lo rechazamos, el ganó y su chofer Jean-Claude Lhomond nos subió al célebre R25 gris metálico de Chirac, matrícula 75 JC 19. Nosotros conocíamos bien a Lhomond. 

En el coche, intentamos disuadir a Jean-Claude: - ¡Muy amable, déjanos en la esquina de la calle!  - No, no, no. El jefe me dijo que los acompañara a su oficina.  -¡Pero no nos vas a llevar al Elíseo en el coche de Chirac! -.  

Nos acercamos a la puerta de entrada, los gendarmes reconocen que el conductor y el vehículo se apresuran a abrir, Lhomond hace crujir la grava en el patio principal. En el vestíbulo, hay pánico. Chirac no está anunciado, ¿qué está pasando? ¡Los guardias uniformados están corriendo por todas partes!  

- Jean-Claude, deja de decir tonterías, no nos dejes en la escalera. 

En el último minuto aparca cerca de la oficina de los agentes. Bajamos y vemos a oficiales, gendarmes y otros funcionarios respirando aliviados o incluso reprimiendo una carcajada. Lhomond tenía un buen chiste que contarle a su jefe..... 

"Era un mentiroso empedernido.... Le mintió a todo el mundo, con nervios de acero. Para él, la verdad política era bastante relativa".

(AFP / Pascal Pavani)

Al estudiar los archivos ese periodo en que el socialista François Mitterrand tuvo que nombrar primer ministro al hombre de derecha, Jacques Chirac, porque la derecha había ganado las elecciones legislativas, quedó claro que no le estaba contando todo a Mitterrand. Éste lo sabía y lo disfrutaba.

 

 

 

 

 

 

Chirac era un ser complejo. Para llegar al poder, unió a una derecha bastante dura, se presentó como un fanático de la milicia, seguro y bastante receptivo. 

Una vez en el poder, fue un cóctel entre el radical socialista (Henri) Queuille, ex presidente del Consejo de la III República Francesa y Georges Pompidou, presidente gaullista de 1969 a 1974. 

Al mismo tiempo, dedicó horas a su pasión secreta por las artes y las antiguas civilizaciones. También era un mujeriego. Todo el mundo sabe sus historias.... Conozco muchas de ellas, pero no se pueden contar sin el consentimiento de las mujeres. Sabía sentarse con los campesinos de Corrèze con salchichas en las manos, mientras que en su vida privada, siempre tuvo el máximo lujo, en París, desplazándose, de vacaciones...