Experimentos en el círculo polar ártico

Staumnes, Noruega – Hay un cierto espíritu nórdico que afecta a la gente que vive en Escandinavia, sobre todo en el extremo norte. Cuánto más loca es una idea, más probabilidades hay de querer llevarla a cabo. Hacer una tabla de surf de hielo es un buen ejemplo de ello.

Algas congeladas en una tabla de surf de hielo cerca de Straumnes, en las islas Lofoten, en el Círculo Polar Ártico, el 18 de febrero de 2019 (AFP / Olivier Morin)

Las personas que hacen surf en las aguas heladas de Unstad, Noruega, y en sus alrededores, son un grupo de gente especial que surfea en pleno círculo polar ártico donde el aire puede estar a -10°C (con una sensación térmica de -25°C cuando sopla el viento). Siendo yo gran amante y practicante del surf y un entusiasta del frío, los he estado fotografiado durante cinco años y esta estación he podido ver cómo han añadido un nuevo ingrediente a su aventura.

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Muchos de estos jóvenes, habituales de Unstad y de las islas Lofoten han decidido fabricar una tabla de surf de hielo.

¿Porqué no? Nadie lo ha hecho nunca y ellos están en un lugar donde hay hielo diez meses al año. ¿Por qué no intentar hacer una tabla de surf de ese material y ver qué pasa?

Lonja de pescado en Svolvaer, en las islas Lofoten, en el Círculo Polar Ártico, el 16 de febrero de 2019. (AFP / Olivier Morin)

Además del experimento, quieren impulsar el espíritu ecológico de Escandinavia al máximo, y ésta parece una buena forma de hacerlo y de pasarlo bien. Por si fuera poco, cierta atmósfera poética envuelve todo el proceso: a medida que la tabla de hielo se va fundiendo, el surf va regresando al agua. Es como ir “de las cenizas a las cenizas, del polvo al polvo”, pero en este caso “del agua al agua”, - sin el componente mórbido y triste de un servicio fúnebre.

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En cuanto se gestó la idea, diez jóvenes (seis surferos y cuatro amigos), se pusieron a trabajar. Empezaron cortando enormes pedazos de hielo de lagos helados, pero no funcionó.

Decidieron entonces fabricar unos moldes de plástico y madera, los rellenaron de agua dulce (el agua dulce congelada es mucho más resistente que el agua salada), algunas algas para reducir el factor deslizamiento y elementos decorativos.

Un cabeza de pescado, junto a algas empleadas como soporte, decora una de las tablas de hielo. (AFP / Olivier Morin)

Dejaron las tablas de hielo en la cámara frigorífica de una lonja de pescado a -25°C durante dos días y en cuanto se petrificaron las llevaron a navegar las olas.

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Estuvieron cuatro días probándolas, sumergiendo esos bloques de 70 kilos en el agua.

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Y sacaron varias conclusiones.

La artista del hielo noruega Cathinka posa con una tabla de hielo en Straumnes, en las islas Lofoten, en el Círculo Polar Ártico, en febrero de 2019. (AFP / Olivier Morin)

La tabla permanece unos 30 minutos en el océano, donde el agua está a 3°C, antes de fundirse completamente.

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De esos 30 minutos, el bloque de hielo está en buena forma para surfear apenas cinco minutos. El truco está en pillar una ola lo suficientemente buena para ese poco tiempo: tiene que ser fuerte y no larga, sino robusta.

Para conseguir bastante velocidad, se necesitan un par de personas que lleven la tabla hasta el agua en vez del tradicional surfero solitario remando, ya que la tabla es grande y pesada, y porque en esas islas la mayoría de las olas son de viento, no tan potentes como las olas de mar.

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Esta forma de hacer surf puede ser mucho más peligrosa que hacerlo con tablas normales, ya que si te caes y te das en la cabeza con un bloque de 70 kilos de hielo, puede resultar bastante doloroso.

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La única conclusión definitiva tras cuatro días de prueba y error es que es posible hacerlo, así que los autores harán las modificaciones que sean necesarias y regresaran al agua hasta conseguir que funcione.

Y cuando lo hagan, estaré ahí para capturar el momento.

(Photo courtesy of Olivier Morin)

Porque esto es lo que hacen esos locos nórdicos y porque lo pasamos muy bien experimentando.

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Olivier Morin